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Panorama económico brumoso

Tensiones geopolíticas elevan el costo de la vida y la energía en el país

La guerra sin salida que desataron Estados Unidos e Israel en contra de Irán no para de complicar la escena económica global, afectando de manera especial a los países que no producen petróleo, que es el caso de República Dominicana. A la dificultad con que opera el paso marítimo del estrecho de Ormuz, se suman los avances de las milicias terroristas hutíes hacia la costa del Mar Rojo, afectando el estrecho de Bab el-Mandeb y las exportaciones petroleras de Arabia Saudita.

Como consecuencia el barril de petróleo supera los cien dólares, sin expectativas de que reduzca su precio en el futuro cercano. Esto supone una carga importante para las partidas presupuestarias destinadas a cubrir los subsidios a los combustibles y la factura eléctrica, lo que a pesar de los sacrificios que hace el gobierno para amortiguar el impacto de esta crisis en la población, obligará a traspasar parte de esos costos a los consumidores, como viene ocurriendo en las últimas semanas.

El equipo económico del gobierno genera confianza, y como ocurre constantemente aplica políticas monetarias y fiscales que permiten mitigar parte de los efectos de las turbulencias que nos llegan del entorno internacional, manteniendo bajo control las variables macroeconómicas y evitando una ralentización importante del crecimiento de la actividad económica.

Pero hay cosas que escapan a su control y amenazan el buen desempeño de la economía dominicana. Pues en la actual coyuntura, además de lidiar con los precios internacionales del crudo, deberán también maniobrar bajo las sombras de las políticas monetarias que implementará la Reserva Federal de Estados Unidos en lo que queda de año y en los primeros meses del veintisiete. 

La FED acaba de producir un aumento en su tasa de interés de referencia de veinticinco puntos básicos, y se proyecta que antes de terminar el año podría decidirse otro aumento similar. Es el resultado de niveles de inflación interanual que ya se acercan al cuatro por ciento.

Y es que los estadounidenses vienen experimentando aumentos considerables en sus gastos energéticos, y ya pagan el diésel a más de seis dólares el galón. Con el impacto transversal que tiene para toda la cadena de suministros el precio de ese derivado, en un país donde buena parte de los artículos de la canasta básicas deben ser transportados largas distancias.

Esta medida pudiera empujar a la Junta Monetaria a disponer de un aumento similar, o incluso mayor, en la Tasa de Política Monetaria, lo que encarecería el acceso al crédito tanto para el consumo como la inversión, y podría a su vez afectar el dinamismo de la economía. 

Y si las tasas de interés no se reducen en los próximos meses, es muy probable que a principios del próximo año la República Dominicana deba acudir a los mercados internacionales de bonos en un ambiente poco favorable, y en consecuencia el cupón de los nuevos títulos de deuda podría experimentar un incremento considerable, generando presiones adicionales en las ya estresadas finanzas públicas.

Un panorama brumoso que obliga a todos, gobierno y gobernados, a asumir y compartir unas cargas sobre las que no tenemos ninguna responsabilidad, y mucho menos posibilidades de controlar.

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