Carta abierta a un alcalde y a quienes creen en la muerte del libro
Las bibliotecas son espacios vivos. Los anaqueles con los libros son solo uno de los tantísimos elementos que las bibliotecas aportan a las comunidades

Estimado alcalde:
Cuando hace unos días le llamé para proponerle trabajar por el remozamiento de la biblioteca de la comunidad, agradecí bastante su respuesta. La honestidad debe agradecerse siempre.
Casi sin que hubiera terminado de plantearle la propuesta, me dijo:
Mira, mucha gente se me ha acercado para hablarme de ese proyecto de la biblioteca. Lo que sucede es que a menos que sea una biblioteca de computadoras, yo no le veo sentido en esta época.
Tener un espacio ahí para que se lo coman las cucarachas es hacer un cementerio de libros. En cambio, si es un salón con computadoras y conexión a internet, ahí sí podemos hablar. El libro físico murió, ya todo es digital, con una tablet tú tienes lo que sea.
Señor alcalde, solo permítame puntualizar unos pocos detalles. En favor de la ciudadanía, considero que le vendría bien conocerlos, porque usted, al igual que mucha gente, entiende las bibliotecas como espacios muertos, mausoleos de la tinta o lápidas de autores.
Evidentemente, yo tampoco invertiría en algo así; sería el primero en oponerme a semejante locura.
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El aporte de las bibliotecas
La cuestión es que las bibliotecas son espacios vivos. Los anaqueles con los libros son solo uno de los tantísimos elementos que las bibliotecas aportan a las comunidades.
De un lado están esas computadoras e internet que a usted tanto le interesan. Pero, más allá de eso, también están los espacios creativos para que la conectividad forme parte del aprendizaje de la misma gente.
Ahora que está tan de moda eso de la productividad, le cuento un caso que ocurrió en mi campo. Cuando había biblioteca, antes de que un alcalde como usted decidiera eliminarla para poner un puesto de bomberos, un grupo de jóvenes decidió ir todos los días por la mañana un par de horas.
Eran jóvenes de muy escasos recursos. Se categorizarían como ICV1 e ICV2, en el índice de calidad de vida. Para no alargarle el cuento, estos muchachos comenzaron a tomar clases de inglés en plataformas gratuitas.
Y al terminar el liceo, cuando sus padres no pudieron pagarles la universidad, entraron a Call Centers a trabajar, con lo que se pagaron sus carreras.
Las bibliotecas, estimado alcalde, son políticas culturales. Invertir en torneos de baloncesto, de béisbol y en carnavales o patronales es importante. Pero no es eso solamente, los espacios para grupos de lectura, incentivo al debate y estimulación a la crítica son indispensables para la construcción de ciudadanía consciente.
Sé que usted no lo sabe, pero, en estos días, una joven se hizo viral porque dijo que trató de leer Cumbres borrascosas, la novela de Emily Bronte, y no pudo hacerlo porque tenía palabras difíciles. Si alguien la hubiera acompañado con la estimulación adecuada, ella hoy contaría con la habilidad de utilizar los diccionarios.
Es cierto que en la web hay de todo. Pero también es cierto que solo quienes han construido un hábito de lectura fuerte pueden filtrar lo que está detrás de la pantalla.
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Los números hablan
Y permítame que le diga un par de cosas más. Primero, es absolutamente falso que los libros en físico murieron. A principios de la década del 2010 hubo quien lo creyó así y el tiempo se ha encargado de mostrar la falsedad.
Por ejemplo, solo entre los 10 días que duró la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo del año pasado, las librerías y editores vendieron más de 75 millones de pesos. No había ventas digitales.
A nivel global, se estima que entre 2024 y 2029, el mercado del libro crecerá hasta los 46,000 millones de dólares. Solo los libros para adultos como usted y como yo fueron valorados en 39,000 millones de dólares en 2023.
Y le sorprenderá enterarse de que ese año, las librerías y libreros locales representaron la mayor cantidad de lo que se generó, superando el libro digital y las plataformas de venta en línea. Déjeme ser más exacto, el libro digital representó poco más del 20% del mercado.
Es decir, permítame decirle, con todo el respeto del mundo, que su idea de las bibliotecas como cementerios es de una muy aguda miopía.
Es más preocupante en un momento en el que todo el planeta está altamente preocupado por las adicciones digitales, que se fomenta la desconexión temporal y que países como Australia impulsan una legislación agresiva para que los menores de 16 años pasen menos tiempo en redes sociales.
Dicho en palabras más simples, mientras usted confunde Centro de Internet con biblioteca digital, el mundo y el mercado reconocen el valor del libro físico. Más aún, es indispensable pensar en las bibliotecas como centros culturales parte de una política que conduzca a la educación, la gestión del conocimiento y la criticidad social.
Digital versus papel

Casi termino, señor alcalde. Puede que sepa que, en los últimos años, nuestro país ha reflejado muy mala puntuación en las Pruebas Pisa, principalmente la que mide la lectura comprensiva.
Al mismo tiempo, y sin que haya una relación causal entre ambos eventos, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) publicó el año pasado los resultados preliminares de un estudio que demuestra cómo el uso de herramientas como ChatGPT puede reducir la capacidad de comprensión de las personas.
¿Qué cree usted que sucede cuando se cambia una biblioteca por una IA?
La ciencia también ha entrado en esta conversación, señor alcalde. En 2024, un equipo de investigadores publicó en el Journal of Educational Psychology, revista de la Asociación Americana de Psicología, el estudio titulado Reading on handheld devices: A meta-analysis of the effects on reading comprehension.
Analizaron decenas de investigaciones comparando lectura en papel y en dispositivos portátiles. El resultado fue que cuando los textos eran largos, la comprensión disminuía en pantalla. Y cuando el formato exigía desplazarse continuamente hacia abajo, la desventaja era aún mayor.
Algo similar ocurrió en 2025, en la revista Education and Information Technologies de Springer, con el estudio A comparison of screen and paper reading: Effects on reading comprehension, recall, recognition and satisfaction.
Allí se comparó cómo las personas comprendían y recordaban textos leídos en pantalla frente a textos impresos. Se midieron recuerdo, reconocimiento de información y nivel de satisfacción. Y para sorpresa de nadie, quienes leyeron en papel mostraron mejores niveles de recuerdo y mayor estabilidad en la comprensión.
Asimismo, en 2022, la revista Computers & Education publicó Effects of reading medium on the processing, comprehension, and calibration of adolescent readers. El estudio evaluó a estudiantes de secundaria leyendo los mismos textos en papel y en pantalla.
Se midió su capacidad para identificar la idea principal y para evaluar si realmente habían comprendido. El papel volvió a ofrecer ventaja en la comprensión de la idea central. Además, los estudiantes tendían a sobreestimar su entendimiento cuando leían en pantalla.
Es decir, creían haber entendido más de lo que realmente habían comprendido. Eso no es un detalle menor.
Permítame añadir un último dato, publicado en 2024 en la revista Cognition, bajo el título Reading books: The positive impact of print exposure on written word recognition.
Allí se estudió qué ocurre en el cerebro cuando una persona lee una novela en papel. Se midió el reconocimiento posterior de palabras que habían aparecido en el libro. Incluso palabras poco frecuentes se procesaban con mayor facilidad después de haber sido leídas en formato impreso.
Como puede ver, estimado alcalde, ni en lo económico ni en lo social y mucho menos en lo biológico y psicológico, el libro físico ha muerto. Las bibliotecas son inversiones de largo alcance.
En otra ocasión, si quiere, le cuento cómo medir específicamente el impacto de políticas culturales aparentemente intangibles. Por ahora, quédese con esta idea: mientras más acceso a espacios culturales tienen sus niñas, niños y adolescentes, mayor será el capital social y humano con el que contará su demarcación.
Pd: sigue en pie la oferta de apoyarle con la creación de una biblioteca.
Belié Beltrán