Cezanne Cardona, la dignidad de lo cotidiano
La ficción como refugio para reinventar los recuerdos familiares

Cezanne Cardona tiene claro que la memoria, por sí sola, no basta para construir una historia. Aunque Esto también es una casa (Seix Barral, 2026) transmite una intimidad que por momentos parece autobiográfica, el escritor y columnista puertorriqueño recurrió a la ficción para transformarla en algo distinto.
Esa idea atraviesa toda su obra. Desde Levittown mon amour (2018), los espacios domésticos, los objetos y los gestos diarios ocupan un lugar central en sus libros. A través de ellos, Cardona explora la identidad, los afectos y los vínculos familiares. Él mismo define su literatura como una búsqueda de la dignidad de lo cotidiano.
Hijo de una trabajadora social y de un pintor y músico, creció entre dos universos complementarios. De su madre heredó la disciplina, el amor por la lectura y una conciencia social que marcaría su formación.
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De su padre recibió la cercanía con el arte y la sensibilidad estética. El divorcio de sus padres y las mudanzas de una casa a otra también dejaron sus huellas.
Ingresó a la Universidad de Puerto Rico, a la Escuela de Humanidades, para estudiar Historia, con una segunda mención en Literatura, impulsado por el deseo de conocer mejor a su país. Como él mismo dice, fue allí donde las letras lo raptaron. Aquellos años de efervescencia intelectual dieron forma a su propia voz.
Y al concluir sus estudios, continuó en su alma mater, esta vez como profesor. Afirma que la docencia siempre fue un sueño y que preparar cada curso y escuchar a sus estudiantes es una de las experiencias que más lo enriquecen.
Con el tiempo, la práctica del columnismo lo llevó a abandonar el lenguaje académico y a acercarse a una prosa más directa, atenta a la conversación pública y a la realidad del día a día. Explica que así aprendió a poner el oído en tierra.
En su escritura conviven un lector atento a la tradición literaria y un observador del presente.
Antes de convertirse en escritor, estudió violonchelo, una formación artística que aún resuena en su prosa. Hay en sus páginas una cadencia pausada, casi musical, que sostiene cada escena.
Leer a Cezanne Cardona es sentir la calidez del Caribe a través de un lenguaje que se vuelve tangible y en el que el lector se siente como en casa.

Jarouska Cocco