De Pascuas a Ramos
Expresiones que rezuman Semana Santa

Las tradiciones culturales son ricas en palabras, porque en ellas se funda el traspaso de conocimiento a través del tiempo. La celebración de la Semana Santa es una de nuestras tradiciones más arraigadas, aunque con el tiempo esas raíces hayan perdido fuerza.
Éxodo, para los que pueden, a la playa y buscar cómo botar el golpe para los que se quedan en casa.
Aunque nuestra Semana Santa nada tenga que ver con las procesiones multitudinarias de otras latitudes, hay algunas expresiones que siguen vivas en nuestro entorno que guardan cierto poso semanasantero –permítanme el invento–.
No es mi intención meter el dedo en la llaga. Las creencias y sentimientos religiosos deben ser respetados, como también su ausencia. Aunque las expresiones que vamos a repasar tienen su principio en tradiciones y creencias cristianas, han pasado a la lengua cotidiana para referirse a circunstancias bien alejadas de ese origen.
Por ejemplo, esa frase con la que comenzamos este párrafo. Cuando metemos el dedo en la llaga nos acercamos a terrenos delicados susceptibles de provocar dolor o enfado. Cuenta el Evangelio de san Juan que Tomás quiso tocar las llagas de Jesús resucitado para comprobar que se trataba realmente de él.
Palo dado ni Dios lo quita
Unos días antes a Poncio Pilato le habían acercado una jofaina y se había lavado las manos, en una demostración pública de que no se consideraba responsable de la condena a morir en la cruz que le había impuesto a Jesús.
Hace mucho tiempo que nos dejó el prefecto romano de Judea, pero todavía les decimos a quienes se zafan de una responsabilidad que se lavan las manos o que se lavan las manos como Pilatos.
A los pies de la cruz llora María Magdalena. Siglos después, todavía le decimos a alguien que llora inconsolable que está hecho una Magdalena o que llora como una Magdalena.
Nada que ver con el bollito de bizcocho dulce hecho en un molde de papel rizado, al que también llamamos magdalena –y los más popis cup cake–. Su nombre no se lo debemos a María Magdalena, sino a la cocinera francesa Madeleine Palmier, de quien se cree que lo inventó.
En el imaginario de los lectores esta magdalena siempre estará ligada a Marcel Proust y su heptalogía En busca del tiempo perdido.
Como a su protagonista, se me ha ido el santo al cielo y no quiero que se nos queden en el tintero unas cuantas expresiones más.
Volvamos a Getsemaní y a la traición de Judas Iscariote que propició el prendimiento de Jesús con uno beso, unos dicen que en la mano y otros que en la mejilla, cosas de la traducción.
Que no te merezcas nunca que te digan que eres un Judas o que eres más falso que Judas.
Nos acercamos al Gólgota, también conocido como el Calvario, el lugar en que la tradición nos cuenta que fue crucificado Jesús; indecibles vejaciones, castigos y dolores que se perpetúan en la expresión pasar o sufrir un calvario.
Ni que decir tiene que la crucifixión acababa con la muerte del reo y, además, llegaba a ella en un estado penoso. De ahí que de quien tiene un aspecto lastimoso digamos que está hecho un cristo.
La Semana Santa y su tradición culta y popular nos ha legado estas preciadas expresiones. ¿Las usamos de Pascuas a Ramos o siguen sirviéndonos en el día a día?

María José Rincón