Siempre nos quedará París
Palabras que dicen una cosa y la contraria

De nuestros años escolares puede que nos resuene aún aquello de la polisemia. Como muchas de las palabras técnicas que usamos para explicar el idioma, la palabra polisemia tiene un origen griego: poli- significa ´mucho´ y sema ´significado´. Una palabra, o una expresión, es polisémica cuando tiene más de un significado. Si consultan, por ejemplo, la palabra palo en el Diccionario del español dominicano y el Diccionario de la lengua española encontrarán más de treinta acepciones.
Entre estas voces polisémicas existen casos muy curiosos, casos que parecen desafiar las leyes de la lengua. Son palabras que pueden servirnos para decir una cosa y también su contraria. Las conocemos como autoantónimos. Si dos palabras son antónimas cuando expresan ideas opuestas o contrarias, los autoantónimos no necesitan a nadie más: se bastan y se sobran ellos solitos para cargar con los dos significados opuestos. Allá el hablante, o el escribiente. Y no se crean, no son palabras raras o poco usuales; muchas de ellas las usamos en el día a día y quizás no hemos caído en la cuenta de esta singularidad. Les propongo un par de preguntas que les harán toparse de frente con los autoantónimos.
¿Han alquilado alguna vez un inmueble? Si se plantean responder a esta pregunta, deberán concretar primero si se refiere a dar ese inmueble en alquiler o a tomarlo en alquiler. Porque, sí, alquilar es un autoantónimo. Lo mismo nos vale para expresar que vamos a entregar algo temporalmente para su uso a cambio de un pago como para aludir a que vamos a pagar por usar algo temporalmente. Y, aun a riesgo de convertir esto en un trabalenguas, su sinónimo arrendar también es un autoantónimo.
¿Las normas del buen decir sancionan esa forma de expresarse? De nuevo, si van a contestar a esta pregunta, tienen que plantearse primero cuál de los significados del verbo sancionar entra en juego en ella. Antes de pronunciarse deben saber si nos referimos a que las normas autorizan o aprueban esa expresión o si, por el contrario, lo que preguntamos es si las normas del buen decir la penalizan. Sancionar, un autoantónimo que vale tanto para expresar que se autoriza o aprueba algo como para decir que a ese algo se le aplica una sanción o castigo. Y, claro, han acertado: el sustantivo sanción también es un autoantónimo; puede referirse a un castigo o pena que se impone y también a una aprobación o autorización.
Algunos de estos juegos de significados contrarios ya venían servidos en las palabras que dieron origen a los autoantónimos. Otros se han ido creando con el uso y el tiempo, como casi todo en la lengua. A veces las palabras parecen empeñarse en conspirar contra nosotros. Perseguimos la propiedad, es decir, el sentido exacto de las voces. Buscamos que lo que decimos se adecúe (o adecue) a lo que queremos decir. Los autoantónimos nos ponen en un brete.
Protestarán, y con razón. No es un asunto nimio. Vaya, otro autoantónimo. Un asunto nimio puede ser insignificante, sin importancia, o, en cambio, puede ser exagerado o excesivo. La ambigüedad está servida. ¿Qué hacer entonces? Sobran las palabras (otro autoantónimo que les dejo de tarea). Si el autoantónimo nos confunde, siempre nos quedará París; perdón, siempre nos quedará el contexto para aclararlo.

María José Rincón