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"No todo flujo vaginal necesita un óvulo", advierte ginecoobstetra

El doctor Mario Estrada explica cómo reconocer los cambios normales de las secreciones vaginales y cuáles señales pueden indicar una infección u otro problema de salud

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No todo flujo vaginal necesita un óvulo, advierte ginecoobstetra
El flujo suele ser transparente o blanquecino, sin un olor desagradable intenso y sin provocar picazón, ardor, dolor o irritación. (MAGNIFIC)

El flujo vaginal es una de esas señales del cuerpo femenino que muchas mujeres observan, pero no siempre saben interpretar. Su color, olor y consistencia pueden generar dudas, especialmente cuando cambia de un día para otro.

Sin embargo, estas variaciones no necesariamente indican una infección y, en algunos casos, forman parte del funcionamiento normal del organismo.

El doctor Mario Estrada, ginecobstetra de Cemdoe, explica que las secreciones vaginales cumplen una función importante en la lubricación y protección de la vagina. Sus características pueden variar a lo largo del ciclo menstrual, durante el embarazo, con el uso de anticonceptivos hormonales y en la menopausia.

Por eso, más que alarmarse ante cualquier cambio, el especialista recomienda aprender a reconocer el flujo habitual y prestar atención a las señales que acompañan sus variaciones.

"No todo flujo necesita un óvulo", es el mensaje que resume su advertencia sobre la automedicación, una práctica que puede retrasar la identificación de la causa real de las molestias vaginales.

¿Cómo reconocer un flujo vaginal normal?

En condiciones habituales, el flujo suele ser transparente o blanquecino, sin un olor desagradable intenso y sin provocar picazón, ardor, dolor o irritación.

Su apariencia también puede cambiar durante el mes. Cerca de la ovulación, por ejemplo, es frecuente que aumente la cantidad de secreción y que esta adquiera una consistencia transparente, resbaladiza y elástica, similar a la clara de huevo cruda.

Esta variación responde a los cambios hormonales del ciclo menstrual y coincide con los días de mayor fertilidad.

De ahí que la presencia de flujo vaginal, por sí sola, no deba interpretarse como un signo de enfermedad. La clave está en identificar si se producen cambios inusuales y si estos aparecen acompañados de otras molestias.

El color ofrece pistas, pero no confirma un diagnóstico

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Las secreciones amarillas intensas, verdes o amarillo-verdosas, especialmente cuando tienen mal olor o provocan irritación y molestias, también requieren evaluación médica. (MAGNIFIC)

Aunque el color puede orientar sobre lo que ocurre en la salud íntima, no es suficiente para determinar si existe una infección. La consistencia, el olor y los síntomas asociados también deben tomarse en cuenta.

Un flujo transparente o blanco puede ser normal. En cambio, cuando es blanco, muy espeso y grumoso, y se acompaña de picazón, puede hacer sospechar una candidiasis.

Si adquiere una tonalidad grisácea y presenta un olor fuerte, particularmente parecido al del pescado, podría tratarse de una vaginosis bacteriana, una alteración del equilibrio de las bacterias que habitan en la vagina.

Las secreciones amarillas intensas, verdes o amarillo-verdosas, especialmente cuando tienen mal olor o provocan irritación y molestias, también requieren evaluación médica.

El flujo rosado, rojizo o marrón, por su parte, puede indicar la presencia de pequeñas cantidades de sangre. Aunque esto puede ocurrir alrededor de la menstruación, conviene investigar cuando el sangrado aparece repetidamente fuera del período, después de las relaciones sexuales o en la menopausia.

Por esta razón, el especialista insiste en que no se debe intentar identificar una infección únicamente por la apariencia de las secreciones.

Las señales que no conviene ignorar

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Infografía
La necesidad de consultar al ginecólogo es aún mayor cuando estos síntomas se acompañan de dolor al orinar, molestias durante las relaciones sexuales, dolor pélvico o sangrado fuera de la menstruación. (MAGNIFIC)

Además del color, hay otros cambios que merecen atención: un olor diferente al habitual, un aumento considerable de la cantidad de flujo, variaciones en su consistencia y la aparición de picazón, ardor o irritación.

La necesidad de consultar al ginecólogo es aún mayor cuando estos síntomas se acompañan de dolor al orinar, molestias durante las relaciones sexuales, dolor pélvico o sangrado fuera de la menstruación.

Reconocer estas señales permite buscar atención a tiempo y evitar tratamientos que no correspondan a la causa del problema.

Cambios hormonales

El embarazo es una etapa en la que las secreciones vaginales suelen aumentar debido a los cambios hormonales. Es habitual que el flujo sea más abundante, transparente o blanquecino, siempre que no esté acompañado de molestias ni de un olor desagradable.

No obstante, hay situaciones que requieren especial atención. La aparición de sangrado, mal olor, picazón o ardor debe ser evaluada por un profesional de la salud.

También es importante consultar si se produce una salida de líquido muy acuoso, continua o difícil de controlar, pues es necesario descartar una posible pérdida de líquido amniótico.

En estos casos, no se recomienda esperar a que los síntomas desaparezcan por sí solos ni intentar resolverlos mediante la automedicación.

Los anticonceptivos hormonales pueden modificar la cantidad y consistencia del flujo vaginal como consecuencia de sus efectos sobre el equilibrio hormonal. Estos cambios no significan necesariamente que exista una infección.

En la menopausia, en cambio, la disminución de los estrógenos suele reducir las secreciones naturales y puede provocar sequedad vaginal, ardor, irritación y molestias durante las relaciones sexuales.

Aunque estas manifestaciones pueden relacionarse con los cambios propios de esta etapa, es importante no atribuir automáticamente cualquier síntoma a la menopausia.

"Cualquier sangrado o secreción sanguinolenta después de la menopausia debe ser evaluado por un ginecólogo"**, es la recomendación que el especialista destaca al referirse a las señales que no deben pasarse por alto.

El riesgo de automedicarse

Uno de los errores más frecuentes ante un cambio en el flujo vaginal es recurrir inmediatamente a óvulos, cremas o antibióticos sin conocer su causa.

La candidiasis, la vaginosis bacteriana y algunas infecciones de transmisión sexual pueden producir manifestaciones similares, pero requieren tratamientos diferentes. Por eso, utilizar medicamentos sin una evaluación adecuada puede retrasar el diagnóstico correcto y alterar aún más el equilibrio de la flora vaginal.

El especialista recomienda evitar los tratamientos por cuenta propia y acudir a consulta cuando las variaciones persisten o se acompañan de síntomas como mal olor, picazón, ardor, dolor o sangrado.

La salud íntima también implica dejar atrás la idea de que el flujo vaginal es algo sucio que debe eliminarse. Estas secreciones forman parte de los mecanismos naturales de protección del organismo y conocer sus características ayuda a identificar cuándo algo se sale de lo habitual.

En definitiva, aprender a reconocer los cambios del flujo vaginal es una forma de cuidar la salud femenina. No se trata de alarmarse ante cada variación, sino de saber cuándo es necesario consultar.

TEMAS -

Periodista dominicana con una maestría en Comunicación Corporativa. Titulada en estilismo y asesoría de imagen. Es una apasionada del contenido sobre la salud, la belleza, el buen vivir y la cultura.