Santo Domingo: del sueño colonial a la ciudad que busca reinventarse para 2040
Claves urbanas para entender el caos y el potencial de Santo Domingo

Santo Domingo es una ciudad de contrastes. Conviven en ella la memoria de cinco siglos de historia, el crecimiento acelerado de una metrópolis moderna y los desafíos de una urbe que todavía busca ordenar su futuro. Esa es la visión que desarrolla el libro fotográfico Santo Domingo ayer, hoy y mañana, una obra de Autozama, un testimonio del continuo crecimiento y transformación urbana de la ciudad impulsada por la movilidad.
Las imágenes a cargo de Fernando Calzada, con apoyo de la revista dominicana de arquitectura Arquitexto, Imágenes de Nuestra Historia, Francisco Manosalvas y el Archivo General de la Nación.
Los textos de la obra están a cargo del arquitecto y urbanista Omar Rancier y Carmen Ortega González, quienes acompañan con sus reflexiones un recorrido visual que narra la historia de la capital dominicana a través de imágenes.
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La Ciudad Colonial
Para Omar Rancier, autor de los textos de Santo Domingo ayer, hoy y mañana, la Ciudad Colonial es mucho más que el centro histórico de Santo Domingo. En las páginas de esta obra de Autozama, la describe como "un sueño donde cada quien la sueña como quiere", una definición que resume el carácter simbólico de un espacio donde convergen historia, arquitectura y vida urbana.
El corazón histórico de la ciudad está compuesto por treinta calles y avenidas y seis callejones. Entre ellas destacan las cuatro vías fundacionales, la calle Las Damas, la Padre Billini, los callejones históricos, la emblemática calle El Conde y las plazas que articulan la vida urbana del recinto colonial.
La calle Las Damas ocupa un lugar privilegiado en ese recorrido. Considerada la vía más antigua de la Ciudad Colonial, concentra algunas de las edificaciones coloniales más valiosas del país. Allí se encuentran la Fortaleza de Santo Domingo con su imponente Puerta de Carlos III, las viviendas en hilera de Nicolás de Ovando, la casa de Bastidas —actual sede del Museo Infantil Trampolín—, la antigua iglesia y casa de los Jesuitas, hoy Panteón de la Patria, así como el Museo de las Casas Reales, integrado por las antiguas Casas Reales y la Real Audiencia.

El Conde
Si existe un espacio que sintetiza la transformación de Santo Domingo, esa es la calle El Conde. Según plantean los textos de Rancier, esta vía resume gran parte del proceso histórico dominicano y, especialmente, la llegada de la modernidad.
A lo largo de los siglos, la calle cambió de nombre en varias ocasiones. Fue conocida como calle de la Carnicería, por el antiguo matadero municipal; calle de Clavijo; calle Restauración; y finalmente, en 1924, recibió el nombre de El Conde en honor al gobernador de la isla en 1655.
También fue escenario de transformaciones urbanas relevantes. En 1961, el régimen de Rafael Leónidas Trujillo anunció el cierre total de la vía al tránsito vehicular para convertirla en un paseo peatonal, reducir las aceras, incorporar mosaicos ornamentales y mejorar su aspecto urbano.
Por décadas, El Conde fue además escaparate de las novedades de la ciudad. Allí se exhibieron los primeros automóviles que llegaron a Santo Domingo y circularon algunas de las primeras modalidades de transporte colectivo, desde el tranvía hasta los carros de concho y los autobuses.
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Trujillo, Balaguer y la transformación urbana
En la visión histórica presentada en los textos de Omar Rancier para esta obra de Autozama, dos figuras políticas tuvieron una influencia decisiva en la configuración física de Santo Domingo.
El primer gran proyecto urbano impulsado por Trujillo fue el paseo costanero que hoy se conoce como el Malecón de Santo Domingo. Aunque la idea inicial surgió antes, fue durante la década de 1930 cuando el ingeniero Ramón Báez López-Penha propuso una avenida bordeando el mar con amplias dimensiones y palmas cana en ambos lados, dando origen a uno de los espacios más representativos de la capital.
Décadas más tarde, durante el primer gobierno de Joaquín Balaguer, iniciado en 1966, la ciudad experimentó otra etapa de profundas transformaciones. Inspirado en modelos urbanos observados durante su experiencia diplomática en ciudades como Madrid, México y París, Balaguer impulsó una intensa agenda de infraestructura.
Entre sus principales aportes, destaca Rancier, figura la creación de cuatro grandes pulmones urbanos: el Parque Mirador Sur, el Parque Zoológico Nacional, el Jardín Botánico Nacional y el Parque Mirador Norte.
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El nacimiento de la ciudad moderna
El relato contenido en los textos de Omar Rancier muestra cómo la expansión de Santo Domingo comenzó a empujar sus límites más allá de las murallas coloniales.
La llegada del automóvil marcaría un antes y un después. Rancier señala que este medio de transporte simbolizó el inicio de la modernidad urbana en Santo Domingo y en la República Dominicana.
En 1907, el ingeniero Osvaldo Báez, hijo del expresidente Buenaventura Báez, anunció la llegada del primer automóvil al país, una guagua con capacidad para 25 pasajeros. No obstante, existen registros que apuntan a la presencia de un vehículo en Puerto Plata desde finales del siglo XIX.
Santo Domingo ayer, hoy y mañana también recuerda que el transporte público conocido como "concho" tuvo sus orígenes durante la dictadura de Trujillo. Los primeros vehículos Chevrolet importados para esa función recibieron el nombre de "Carros del Concho", una referencia al popular personaje caricaturesco Concho Primo.
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Santo Domingo: crecimiento sin planificación
Uno de los diagnósticos señalados por el arquitecto y urbanista Omar Rancier, para esta obra de Autozama, se refiere al crecimiento acelerado y desorganizado de la capital.
Santo Domingo pasó de ser un pequeño asentamiento colonial a convertirse en una metrópolis cercana a los cuatro millones de habitantes. Aunque desde 1939 se elaboraron diversos planes urbanos y propuestas de ordenamiento territorial, gran parte de ellos nunca llegó a ejecutarse, favoreciendo una expansión urbana sin control.
Las consecuencias son visibles en la vida cotidiana. La congestión vehicular, la ocupación desordenada del territorio y las dificultades de movilidad forman parte de los principales desafíos de la ciudad contemporánea.
El urbanista considera que el tránsito y el transporte constituyen el reflejo más evidente de esta problemática. A pesar de las inversiones realizadas en elevados, túneles, líneas del Metro de Santo Domingo, teleféricos y corredores de autobuses, persisten problemas de congestionamiento, inseguridad vial y fragmentación del sistema de transporte público.
La ciudad posible hacia 2040
Lejos de limitarse al diagnóstico, Omar Rancier dedica buena parte de los textos de la obra a imaginar el futuro de Santo Domingo.
Para el autor, la capital posee condiciones excepcionales para convertirse en una ciudad modelo en el Caribe gracias a su ubicación geográfica estratégica, su conectividad económica y tecnológica, su escala territorial y su dimensión demográfica.
Entre las propuestas planteadas para el horizonte de 2040 figura la implementación de un sistema integrado de transporte que permita a los ciudadanos desplazarse utilizando metro, autobuses y teleféricos mediante una integración física y tarifaria, con un único sistema de pago.
También propone consolidar un gran sistema verde metropolitano mediante la recuperación de parques conforme a sus diseños originales y la creación de corredores ecológicos vinculados a los ríos y áreas protegidas.
Sin embargo, Rancier advierte que el futuro de Santo Domingo dependerá de la capacidad de enfrentar problemas estructurales que aún condicionan su desarrollo. Entre ellos identifica el tránsito y transporte, la infraestructura sanitaria, la seguridad ciudadana, los espacios públicos, la vivienda, el crecimiento urbano, la aplicación de planes y normativas, el impacto ambiental, la gestión del agua y la electricidad, así como la gobernanza de la ciudad.
En Santo Domingo ayer, hoy y mañana, Autozama no solo reconstruye la historia de la capital dominicana. También plantea una reflexión sobre la ciudad que existe y la que todavía puede construirse.



Henry Arvelo