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De vasos medio lleno o medio vacío

La República Dominicana ha experimentado un importante crecimiento económico, pero el salto hacia el desarrollo requiere fortalecer la educación, las instituciones y las capacidades humanas

Tip y Coll, legendarios humoristas españoles, hicieron de la sencillez y del absurdo el complemento perfecto para hacer brotar la risa en sus presentaciones al público.

La explicación que hicieron sobre cómo se llena un vaso, sosteniendo una jarra de agua en las manos y vertiendo con lentitud su contenido al tiempo que movían el vaso hacia todas las posiciones posibles, boca abajo, horizontal, del lado izquierdo, del derecho, con el resultado de que el líquido se derramaba, hasta colocarlo boca arriba y comprobar que el recipiente se colmaba del líquido, forma parte de la historia del buen humor.

En la tradición política dominicana está enquistada la costumbre de ver el vaso medio lleno, o medio vacío, según el color partidario del observador. A los primeros se les califica de optimistas y de pesimistas a los segundos. 

El pasado 27 de julio el amigo ocoeño Luis González Fabra publicó el artículo titulado "Cuando los datos contradicen el pesimismo".

Argumenta que "Mientras organismos internacionales y los principales indicadores económicos reconocen avances, parte del debate político insiste en presentar al país como un proyecto fracasado". Sugiere que se produce una utilización selectiva de los datos. Agrega: "Cuando la política sustituye la evidencia por la conveniencia, el debate público pierde calidad y la ciudadanía pierde referentes confiables".

En lo que dice no le falta razón, más bien le sobra.

Así sucede ahora en este período gubernamental, y ocurría antes en otros de colores partidarios distintos, quizás por aquello de que todo es según el color del cristal con que se mire.

Esa ha sido y es la manera de ejercer el debate en nuestro suelo: no reconociendo ni apoyando lo que hacen otros, aunque sea pertinente y conveniente para la ciudadanía. En otras partes del mundo quizás no sea muy distinto.

La previsible manera de actuar de quienes en determinado momento están en la oposición, con vocación permanente de convertirse en gobierno, es una de las razones por las que aquellos que lo ejercen tienden a inhibirse en la adopción de decisiones importantes para la nación, con etiqueta de indispensables.  

Son muchas las decisiones pospuestas por temor a que sirvieran de estímulo para la convocatoria de tumultos y pobladas por parte de grupos o entidades partidarias, u organizaciones afines, con el resultado de que los problemas se acumulan, crecen en dimensión y aumenta el costo político de resolverlos.  

Al poder se supone que se va a transformar, corregir distorsiones, sortear peligros, construir un futuro mejor, sin temor de afectar a grupos poderosos o numerosos, aunque implique la asunción de pesados costos políticos.

Si no fuera así no tendría explicación la arenga de Winston Churchill a su pueblo ofreciéndole dirigirlo, con medidas duras, sudor y lágrimas, con tal de salvarlo de la amenaza nazi.

Es decir, al poder se va a trascender, no a permanecer sin pena ni gloria.

De ahí la conveniencia de evitar lanzar las campanas al aire por lo que es natural y tiene movimiento propio.

El progreso es continuo. Todos los países a lo largo del tiempo experimentan crecimiento en sus economías, trátese de dictaduras o de democracias, salvo contadas excepciones de regresión. Eso sí, ocurre en distinta medida, dependiendo de la organización institucional y de la calidad educativa de su base poblacional.

En nuestro lar se produjo crecimiento económico y progreso a todo lo largo de los siglos XX y XXI. Lo hubo en los gobiernos de Mon, Horacio, Trujillo, Balaguer, Guzmán, Salvador, Leonel, Hipólito, Danilo. Y lo hay ahora en el de Abinader.

La expansión de la economía dominicana en los últimos decenios ha sido mayor que la de la mayoría de los países del continente americano. No hay que ser economista para verlo con claridad, a simple vista. Esta es una economía dinámica, con cierto grado de diversificación y de sofisticación. Ha experimentado pujanza en la expansión de los servicios, sobre todo el turismo, la manufactura de zonas francas, la agropecuaria mecanizada, intensiva en inversión, la construcción, entre otras.

Lo anterior no debe impedir que se abran los ojos a otras dimensiones distintas. Una cosa es crecimiento y otra desarrollo.

Importan ambas, pero sin la segunda el humano puede que logre masticar más, pero continuará siendo incapaz de pensar por sí mismo, con clarividencia, alcanzar patrones elevados de suficiencia intelectual que favorezca la convivencia ordenada y el descubrimiento de que ha dejado de ser objeto para convertirse en artífice de su propio destino, y ente modelador de su sociedad.

Si de aspirar se trata, abracemos la idea del desarrollo para construir una patria grande.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.