La botija del sentido
Bruno Rosario Candelier rescata la esencia histórica de Moca

Bruno Rosario Candelier acaba de publicar su libro titulado La botija del sentido, en el que describe el recorrido, sustancia y manera de ser del pueblo de Moca.
Esta obra ve la luz cuando Santiago de los Caballeros succiona las esencias de los pueblos cercanos (en el tránsito hacia su conversión en metrópoli), aunque tal vez ocurra que las comunidades que lo rodean le den su propia impronta y la gran urbe lata también al ritmo de los sentimientos e inspiraciones de la gente que le transfiere savia nueva.
Según el autor, fue en el año de 1621 cuando Felipe III, rey de España, otorgó una cédula real dando el apelativo de dominicanos a los habitantes establecidos en esta isla, en cuya ordenanza figuraba el poblado de Moca. Solo hubo asentamientos significativos a partir de 1751.
Un hecho definitorio fue el degüello y el incendio del templo, realizado por los haitianos el 3 de abril de 1805. Convocada la junta de vecinos— según el narrador—, el padre Carlos Carreño alentó a los moradores: La masacre de abril afectó vuestro espíritu. Pero ni la desidia ni la incuria podrán aplastaros. Vamos a asegurar nuestro territorio y a prepararnos a enfrentar otra embestida haitiana... Hemos de formar jóvenes valientes, pensadores que articulen la base espiritual de nuestra cultura y hombres dispuestos a defender la villa, para que se impregne en su sensibilidad el aliento en defensa de nuestro pueblo.
Los pobladores reaccionaron. Surgió la arenga: En esta villa intrépida y valiente vamos a sembrar la semilla con la que florezca el espíritu de la mocanidad y la llama de la dominicanidad. Vamos a luchar por enfatizar el sentimiento de lo propio, ahora que fuerzas extrañas a nuestra cultura, hostiles a los ideales de la fe católica y contrarios al genio de nuestra lengua, invaden nuestro territorio, mancillan nuestro templo y cercenan las vidas de nuestros compueblanos.
Así fue como —desliza el autor—, el martirio causado por el degüello impulsó en la conciencia de la mocanidad un sentimiento que conforma el ideario de la libertad. Fraguó nuestro coraje para sobrevivir y superarnos. Atizó nuestra determinación para defender el territorio y alentar nuestra idiosincrasia.
La Botija del sentido recoge un grupo de eventos que resume el perfil de la mocanidad: La edificación de las primeras viviendas; el degüello acaecido en el templo de Nuestra Señora del Rosario; la visita en 1881 del presidente Fernando Arturo de Meriño; el ajusticiamiento de Lilís en 1899; la visita en 1923 del poeta español Francisco de Villaespesa; la fundación en 1924 de la Escuela Agrícola y la contratación de profesores europeos de gran relieve mundial; la presencia en octubre de 1929 del presidente Horacio Vásquez y del arzobispo monseñor Adolfo Alejandro Nouel con motivo de la reconstrucción de la iglesia del Rosario; la incorporación en la década del 40 de Aida Cartagena Portalatín y de Manuel Valerio al grupo de la Poesía Sorprendida; la construcción en 1956 del templo del Sagrado Corazón de Jesús, levantado con contribuciones de los parroquianos; el ajusticiamiento del tirano Trujillo en 1961 y la consagración del 30 de mayo como día de la Libertad; el surgimiento en 1990 del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular.
Cuando el país lo ha necesitado —afirma el cronista—, protagonistas mocanos se han pronunciado en defensa de la patria, como el grito del 2 de mayo de 1963. Y cuando hubo gobernantes que oprimieron al país, prestantes mocanos los decapitaron. Y tres destacados mocanos (Mon Cáceres Vásquez, Horacio Vásquez Lajara y Héctor García Godoy Cáceres) alcanzaron la primera magistratura del Estado, ejerciendo un gobierno ejemplar.
Moca —puntualiza el narrador—, ha sido una fuente luminosa de la creación literaria. La primera manifestación significativa prohijó la lírica popular en la voz de Juan Antonio Alix. Y a principios del siglo XX surgió el poeta Gabriel Morillo. En todo el siglo XX hubo grupos literarios y culturales que, mediante el cultivo del teatro, la poesía, la crítica y la narrativa testimoniaban el valor de la creación artística y literaria.
Y menciona a los principales mocanos que se han destacado en el arte de la palabra (más de lo que uno se imagina), hombres y mujeres colocados en plano de igualdad, representando un eslabón que unifica el arte de la creación a la luz de la mocanidad.
Los mocanos de hoy somos la continuación de los mocanos de antaño —asegura—, porque el presente recrea el pasado en ideales y conductas, principios y valores, virtudes y creencias de una herencia que nos prohijó...
Enhorabuena, maestro.

Eduardo García Michel