Un mal preocupante
Una sociedad que golpea a sus niños renuncia a su futuro
Que el 63 % de los niños dominicanos haya sufrido violencia en el hogar o en la escuela es una estadística alarmante. Refleja una cultura que ha normalizado el castigo como método de formación. Y eso, sencillamente, no puede seguir tolerándose. El diagnóstico de UNICEF pone en claro que por demasiado tiempo hemos confundido disciplina con violencia. El golpe, el grito, la humillación —presentados como herramientas educativas— terminan siendo mecanismos de daño que dejan huellas profundas, muchas veces invisibles, pero persistentes. Un niño que crece con miedo difícilmente desarrollará confianza, autonomía o pensamiento crítico.
Más que episódico, el problema es estructural. Ocurre en el hogar, se reproduce en la escuela y se legítima en la sociedad. Esa acumulación, como advierte UNICEF, no solo afecta el desarrollo emocional y cognitivo, sino que perpetúa ciclos de violencia que luego se manifiestan en la vida adulta.
Enfrentar este mal exige algo más que diagnósticos. Requiere educación —para padres, docentes y comunidades— que desmonte la falsa idea de que la violencia educa. Pero también demanda medidas claras y severas que sancionen el abuso y protejan efectivamente a la niñez.
Esas cifras nos dejan muy mal parados. Porque una sociedad que no cuida a sus niños está, en el fondo, renunciando a su futuro.
