Prevenir más que lamentar
La impunidad como aliada de la tragedia femenina
La violencia contra la mujer es un cáncer que ha hecho metástasis en la sociedad dominicana. Lo sabemos, lo vemos y lo sufrimos como país. Pero también sabemos —porque la evidencia lo demuestra— que no es un fenómeno inevitable. No puede eliminarse por completo, pero sí reducirse significativamente si entendemos que, más que cifras, estamos hablando de vidas que podemos salvar.
La prevención exige una mirada científica, rigurosa y constante. No basta con reaccionar cuando el daño está hecho. Hay patrones de riesgo identificables, señales tempranas, conductas que anuncian peligro y que requieren instituciones ágiles, personal capacitado y un sistema dispuesto a intervenir antes del golpe fatal. La impunidad, el silencio y la normalización del maltrato son los aliados más peligrosos de esta tragedia.
Cada 25 de noviembre nos recuerda que las estadísticas, por frías que parezcan, contienen dolor, ausencia y luto. Pero también nos recuerda que el país dispone de conocimiento, especialistas y herramientas para actuar con mayor eficacia. Se trata de priorizar lo esencial: proteger a quienes están en mayor vulnerabilidad, romper ciclos de violencia y desmontar, desde la educación y la justicia, las raíces culturales que la sostienen.
Que este día no sea un rito anual, sino un compromiso renovado. Prevenir es un deber moral. Salvar vidas es una responsabilidad inexcusable.
