La inspección vehicular es un sueño
Porque cuando el Estado no inspecciona, la negligencia encuentra vía libre
La noticia reciente de un accidente con pérdida de vidas, en el que estuvo involucrado un vehículo de carga pesada, deja un dato imposible de soslayar: los neumáticos estaban gastados. Es, en realidad, una confesión mecánica de negligencia.
La responsabilidad inmediata recae, sin duda, en el conductor o en el propietario del vehículo. Poner en circulación una unidad en esas condiciones es una temeridad que roza lo criminal. Pero reducir el análisis a la culpa individual sería, además de cómodo, insuficiente.
El hecho remite a un problema estructural que el país ha postergado durante demasiado tiempo: la inexistencia de un sistema riguroso de inspección técnica vehicular. En la República Dominicana no hay, en la práctica, un mecanismo efectivo que determine si un vehículo está en condiciones seguras para circular. Se transita, en muchos casos, por pura inercia... o por suerte.
En otras latitudes, estas inspecciones son periódicas, estrictas e ineludibles. Un vehículo con neumáticos en ese estado simplemente no circula. Aquí, en cambio, la falta de control institucional convierte la vía pública en un espacio de riesgo compartido.
Mientras no se asuma esta deficiencia como una prioridad y se implementen controles técnicos reales, no cosméticos, seguiremos asistiendo a tragedias evitables. Porque cuando el Estado no inspecciona, la negligencia encuentra vía libre.
