La educación como rehén
Paro gremial deja a 27 mil alumnos sin clases
Apenas arranca el año escolar y la ADP vuelve a las andadas. Esta vez en Bonao, donde el gremio convocó a un paro que dejó fuera de las aulas a más de 27,000 estudiantes. No se trata de una lucha por mejoras salariales, por condiciones de trabajo o por derechos colectivos. La suspensión responde a un conflicto personal. El presidente local de la ADP, Raúl Martínez, enfrenta una querella por difamación e injuria y la dirigencia entiende que ese es motivo suficiente para cerrar las escuelas.
El gremio, que tanto se precia de defender la educación, no puede usarla como moneda de cambio en disputas judiciales que nada tienen que ver con el aula. La solidaridad mal entendida no se ejerce sobre los hombros de los niños y adolescentes que apenas comienzan un nuevo ciclo escolar. Convertir en rehén a la educación pública para respaldar a un dirigente es una irresponsabilidad que erosiona la legitimidad de cualquier reclamo futuro.
El Ministerio de Educación y las autoridades tienen la obligación de frenar estas prácticas. La sociedad no puede aceptar que cada inicio de año escolar se convierta en campo de batalla de intereses gremiales. La escuela debe ser un espacio sagrado: donde los problemas de los adultos no decidan el destino de los estudiantes.