El espejo desenterrado
De Carlos Fuentes a Pastor Vásquez en la comprensión de la realidad fronteriza

De Carlos Fuentes a Pastor Vásquez
Para que se entendiera una realidad sociohistórica, el escritor mexicano Carlos Fuentes escribió en los noventa un libro nodal titulado El espejo enterrado (editado en 1992). Cuando yo digo El espejo desenterrado lo hago sobre un asunto dominicano. Por nuestro lado, podemos orientarnos a partir del problema de nuestra frontera con Haití, asunto que ha desatado innumerables conversaciones.
Si tomamos en cuenta los gobiernos que ha tenido la República Dominicana, y los gobernantes que hemos tenido desde 1970 hasta acá, nos daremos cuenta de lo mucho que se ha discutido y hablado sobre este espejo enterrado, pero ya con otros términos: el problema fronterizo, el problema dominico-haitiano. Ya mucho tiempo antes, R. Lepelletier de Saint Remy, en la época colonial, hablaba de Santo Domingo, Estudio y solución nueva de la cuestión haitiana, libro publicado en París en 1848 y luego en 1978 y cuya primera parte del segundo tomo comienza con un resumen de las negociaciones entre Francia y Santo Domingo de 1815 a 1825.
Si vemos bien, en la época actual, nos daremos cuenta de lo que dicen algunos analistas y observadores sobre la problemática mexicana: el paso por el Río Bravo o por los túneles que dirigen los llamados coyotes. Paralelamente, si vamos a entender el problema dominicano tenemos que citar la ocurrencia de un comercio que trae haitianos a este lado oriental de la isla, como ocurrió en la década de los setenta, ochenta y noventa para el corte de la caña. Esencialmente, los historiadores y analistas de la cosa dominico-haitiana nos hablan de un trasiego fronterizo para ir a la par de lo descrito por Freddy Prestol Castillo en su clásica novela.
Para aclarar su visión histórica, Fuentes habla en un largo artículo publicado en una revista católica sobre Samuel Huntington: el artículo se titula El racista enmascarado y allí nos cuenta que Samuel Huntington puede ser comparado con el capitán Ahab de la novela de Hermann Melville, sobre todo porque mira ballenas y peligros que se crean para manejar el acceso a la realidad política y social de una comunidad o un país.
En su largo artículo, Fuentes tiene claro el asunto de lo WASP, White, Anglo-Saxon and Protestant, según él, la esencia de la lógica americana, algo que podemos notar de manera clara en la manera en que Donald Trump maneja la realidad política. Nuestros literatos han acertado, como se ve.
Desde la comarca criolla, Pastor Vázquez, Diplomacia con Haití a principios del siglo XX y La isla montonera (2016), ganador del premio José Gabriel García de Historia y del premio Vetilio Alfau Durán, ha escrito libros a los que tenemos que acercarnos desprejuiciados y con la certeza clara de que la historia, sea esta económica o migratoria, tiene mucha luz que ofrecernos. En el primer libro citado, el joven historiador nos hace un recorrido por los problemas diplomáticos dominico-haitianos, los que serán comprendidos por un lector ávido.
Si nos encargamos de pedirle a los autores que hagan juicios de valor estamos haciendo un buen ejercicio ensayístico, pero en nada novelesco: El Masacre se pasa a pie es el título de la novela de Prestol Castillo, una conocida novela criolla que ha sido muy leída. Por ejemplo, si nos embarcamos en la bibliografía de José Miguel Soto Jiménez, para citar un leído y necesario autor criollo, se siente que el problema haitiano permea toda la realidad del lado oriental: Occidente influye en Oriente, podemos decir. La dominicanidad pervive en las eras pre y post trujillista al ritmo de un machete, con la herencia de los pasados gobiernos a cuestas.
Durante toda su carrera, Fuentes escribió, como se sabe, novelas notables. Entre ellas, Cambio de piel y Mis años con Laura Díaz. Queda claro que este autor se ha embarcado en la apreciación histórica sobre lo mexicano, tal y como aparece en su novela La silla del Águila (publicada en 2003 y cuyo tema es el futuro del 2020). Por su lado, Miguel Ángel Asturias hace una novelística de altos quilates, aunque tenemos a críticos y escritores a los que no les gusta mucho Asturias. No comparto esa opinión. Como demuestran todas sus obras, su compendio, Asturias representa un claro ejemplo de lo que es un autor completo, total, si queremos. Weekend en Guatemala (1956, F y G Editores), es un indicador de la grandeza de un Nobel tan criticado por tirios y troyanos.
En todos estos años, la frontera dominico-haitiana ha sido estudiada por mucha gente y el paralelo que he trazado con la mexicana y con su muro es algo intrépido, aunque pueda ser desarrollado por analistas que verían en este abordaje una especie de reduccionismo, a lo que contestaré que no es así debido a algo muy sencillo y simple: la emigración económica. Cuando se huye de un país por razones económicas, tal el caso de los venezolanos, por ejemplo, se tiene que tener cuidado. Es cierto que esta migración no siempre será tratada de la mejor manera por los países receptores; por eso la lucha para que los haitianos tengan un carnet.
Cuando visité la frontera dominico-haitiana hace ya más de diez años, me di cuenta de que el comercio, como han dicho otros notables autores (entre ellos, Frank Moya Pons), une. La larga historia de los dominicanos en los bateyes, las historias personales de los cocolos de San Pedro y Samaná, emigrados en la era colonial, pueden servirnos para tener un ejemplo claro que Carlos Fuentes entendería, como entendió en su momento Mario Vargas Llosa.
Si atacamos el mal del silencio sobre la problemática haitiana, estaremos por buen camino, tal y como nos hubiera dicho quizá un Carlos Esteban Deive: hay que expresarse a como dé lugar, algo que la democracia política dominicana ha protegido y en lo que deben trabajar los candidatos para elaborar un discurso que dé respuestas a la problemática fronteriza.

León de Moya