Guerras cognitivas
La manipulación de percepciones como herramienta de desestabilización política
Desde mucho antes de que Israel y Estados Unidos lanzaran ataques quirúrgicos contra el líder de la Revolución Islámica y su familia, el pasado 28 de febrero, eliminándolos, los dos bandos llevan a cabo una guerra a la que el grueso de ciudadanos del mundo presta poca atención.
Es una la guerra cognitiva dirigida, cada cual, desde su perspectiva, tratando de descalificar ante la opinión pública mundial al adversario, guerra en la que, obviamente, la alianza Israel y Estados Unidos muestra superioridad, que se refleja en las primeras planas de los medios occidentales, bajo el sello de que Irán es un Estado terrorista y peligroso.
El país de origen persa, de su lado, exhibe una retórica sustentada en asuntos de carácter religioso y cultural, al tiempo que utiliza argumentos muy bien estructurados, basados en que la alianza Israel-Estados Unidos, tiene décadas desatando conflictos bélicos en Medio Oriente, dejando pueblos arrasados, mutilando vidas de civiles, violando los derechos humanos de manera flagrante e impidiendo que los países árabes puedan vivir en paz, bajo sus creencias y su cultura.
Para librar esta batalla cultural más allá del teatro de guerra, es necesario contar con amplificación en occidente de esa narrativa que, a los ojos de quienes no conocen la cultura musulmana, pensemos que un hombre con un turbante y una barba larga es un terrorista.
El terrorismo, desde los atentados del 11 de septiembre, es el término clásico para endilgarle a cualquier ciudadano, cierto o no, para matarlo moralmente y luego justificar su desaparición física, como ocurre todos los días con bombardeos selectivos realizados por la coalición desde aviones tripulados o no en Gaza.
Las guerras cognitivas no son un fenómeno de estos tiempos. Para imponerse en la percepción, se utiliza deliberadamente información, símbolos, creencias y emociones, con el objetivo de influir en la manera en que una población observa la realidad. Estados Unidos e Israel lo intentaron en Irán, incitando a la población a levantarse contra el gobierno, sin tomar en cuenta que el pueblo persa y su religión, el islam, tiene una mentalidad distinta a la de los pueblos europeos e hispanos.
Lo que hoy tratan de hacer contra los pueblos que predican creencias religiosas u otras formas culturales diferentes, se ha intentado en la antigüedad. Los imperios egipcios, romano y el propio persa emplearon métodos como la divinización del poder con el control de la narrativa religiosa, el espectáculo y la propaganda. Bajo esos esquemas, la gente no solo obedecía por miedo, sino porque creía que el orden existente era natural o sagrado.
La fe, la herejía y el control del pensamiento fueron claves para la supresión de la libertad de pensamiento. Los actores esenciales: la iglesia católica y el islam (Irán y otros).
Con el monopolio del conocimiento a través del idioma (latín) se mantuvo a los ciudadanos en la ignorancia durante el feudalismo y el Renacimiento. Fue útil la censura y la persecución de las ideas, como ocurrió con Nicolás Copérnico y Galileo Galilei, quienes cada uno en su momento plantearon que la tierra giraba alrededor del sol, por lo cual fueron condenados en el Tribunal de la Inquisición. Y, sin embargo, se mueve ("Eppur si muove") refiriéndose a la tierra.
Lo que vino después en el siglo XX fue aterrador: Adolf Hitler quiso adueñarse del planeta, para lo cual empleó masivamente la propaganda y la guerra psicológica, aparte de sofocar la vida de millones de inocentes.
El patrón común en todas las épocas es el control del relato, de las emociones (miedo, orgullo y odio); una identidad colectiva, nosotros contra ellos. Hay que indicar que no toda la comunicación política o cultural es guerra cognitiva en sentido negativo. Cuando hay intención deliberada de manipular percepciones para dominar o desestabilizar, se entra en ese terreno.

Rafael Núñez