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El efecto de los villancicos

Un renacer musical para la época festiva

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El efecto de los villancicos
Cómo ha cambiado la música navideña en Santiago y Moca. (FUENTE EXTERNA)

Lando Norris y Oscar Piastri, los dos pilotos de McLaren, deben de estar meditando en lo ocurrido. La descalificación del Gran Premio de Las Vegas, causada por el desgaste excesivo de las planchas de material laminado con vidrio ("glass-reinforced laminate") bajo sus monoplazas, fue producto de un tecnicismo claro dentro de las regulaciones de la FIA. Aun así, según lo que se proyecta para las próximas carreras, todo apunta a que Norris podría terminar alzándose con el cetro entre los campeones.

Para hacer memoria histórica, puse un video de aquella carrera entre Nigel Mansell y Ayrton Senna en Mónaco. Senna —hoy instalado en el Olimpo— representaba lo mítico; y yo, sin embargo, siempre estuve del lado de Alain Prost, el Profesor, otro genio del volante. Pero hablemos de la música  de la época navideña.

En los pueblos del interior —Santiago, Moca, La Vega, Puerto Plata— las emisoras AM llenaban diciembre con cantos y villancicos que hoy parecen ecos de otra época. Me pregunto si aún ocurre así, cuando incluso en los rincones más remotos la gente escucha desde sus celulares cualquier ritmo: un perico ripiao, una mexicanada. Los villancicos no han desaparecido, pero ahora viven sobre todo en los canales de televisión, que los rescatan para animar los días festivos.

En Diario Libre, el 24 de diciembre de 2019, se publicó un recuento luminoso de 25 canciones que no pierden vigencia. El subtítulo anunciaba que muchos clásicos renacen en esta temporada. Allí estaban Bebo hoy, bebo mañana, del Conjunto Quisqueya; Navidad pa´l pueblo, de Toño Rosario; Volvió Juanita, de Milly, Jocelyn y Los Vecinos; Tabaco y ron, de Fernando Villalona; Salsa pa´ tu lechón, de Johnny Ventura; Qué caliente estoy, de Bonny Cepeda; Viejo año, Rasputín y El puerto ta´ chivo, de Héctor Acosta; y, desde fuera, All I Want for Christmas Is You, de Mariah Carey.

Cada Navidad el dominicano cambia de "diskette", y muchos empiezan a celebrar desde noviembre, invocando la bemberría que retorna. Estos merengues que he mencionado son solo una porción de una vasta musicografía.

En redes circulan imágenes teñidas de nostalgia por la Era de Trujillo. No hay mal en mirar el pasado, siempre que entendamos que esos tiempos pertenecen al museo de la memoria, nunca a un futuro posible. Como todos sabemos, Trujillo llevó el merengue a los salones. Lo decía Joseíto Mateo: "Es cierto que yo tocaba los merengues y los cantaba, pero también es cierto que ustedes lo bailaban".

Las temporadas de carreras siempre despiertan apuestas y pasiones. Recordé entonces que, en la infancia, íbamos al autódromo La Cumbre para ver correr a Luis Rafael Méndez, Adriano Abreu y Tony Canahuate. Aquella pista se parecía mucho al trazado de São Paulo.

Entre tantas cosas, mi sobrino se disgustó hace poco por un carrito que había dejado en la yipeta y que ya no pudo recuperar. Pero en California, durante una visita a los museos, volvió a sonreír cuando conoció al robot. En esa sonrisa se mezclaba, de manera misteriosa y familiar, la alegría que anuncia la llegada de una nueva Navidad.

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El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.