Un futuro imaginario
Entre votos, negociaciones y espectáculo podría estar la verdadera apuesta de Alofoke
Alofoke no ganará las elecciones si es que llega a ser candidato. Pero sí podría conseguir un número de votos que el partido político que gane necesitará para formar gobierno. En ese hipotético escenario habría que negociar con él y eso garantiza un espectáculo marca de la casa.
Porque si en elecciones pasadas se ha comerciado (no solo negociado) con partidos que apenas llegan al mínimo de votos exigido para mantener su franquicia, qué no habrá que darle a un movimiento que fácilmente se metería en las 100,000 papeletas. Para entretener a su público desplegará su lista de peticiones. Y mientras los partiditos aliados se conforman con una oficina de cosas sin importancia o una embajada en países donde nunca pasa nada, él pedirá lo que más divierta a sus inconscientes votantes.
El medio es el mensaje dijo Marshall MacLuhan en 1964. La sociedad del espectáculo, la describió Guy Debord en 1967. Lo que estudiábamos en las facultades de periodismo como teorías de la comunicación formuladas cuando la televisión cambió la sociedad, se han revelado ciertas y superado las previsiones de los intelectuales. Todo a una escala y a una velocidad difíciles de asimilar por las instituciones que organizan la sociedad de hoy.
Si la vida imita al arte, (la idea se atribuye a Oscar Wilde), hoy la realidad se organiza en torno al espectáculo que unos actores han montado. Pero no es fácil mantener el personaje fuera del estudio, mucho menos en un despacho con responsabilidades políticas.
Hace 50 años, la película Network narraba cómo un presentador de televisión se convertía en el gurú iluminado de su audiencia. Todo movido por el rating y el negocio. ¿Suena a algo parecido? La película no termina bien para el protagonista. Eso sí, a la cadena el negocio le salió redondo.

Inés Aizpún