#Protocolo2026
Los celulares son un arma de tortura con la que los maleducados agreden al resto de los humanos
Las costumbres cambian. También los usos sociales, las reglas de convivencia, los modales. ¿Recuerdan los cursos de Etiqueta y Protocolo, tan abundantes hace apenas unos años? Ya no son tan frecuentes o al menos no se anuncian tanto.
Pero haría falta una revisión 5G de aquellos instructivos, adaptarlos al siglo 21. Da igual cómo maneje usted el cuchillo y el tenedor, pero en público póngase auriculares para oír la novela, ver videos, quedarse pegado a Tik Tok o salga fuera para hablar por el celular con una amiga si está aburrida.
Una propuesta: recuperar los anuncios pidiendo silencio, como aquellos antiguos retratos de una enferma con su cofia y un dedo imponiendo un shshshsh... en las paredes de los hospitales. Y en cualquier sala de espera. Y en los restaurantes. Y en los ascensores y en los parques. ¿Le ha tocado en su caminata alguien que va al mismo paso hablando en voz alta? Porque siempre es en voz MUY alta.
Si las redes sociales han terminado con la discreción, la privacidad e incluso la intimidad que antes fueron tan valoradas... los celulares son un arma de tortura con la que los maleducados agreden al resto de los humanos. Conversaciones personales, comerciales, laborales -algunas surrealistas, ninguna interesante- que endilgan con crueldad estos indiscretos a quienes les rodean.
Proteste y será convenientemente insultado. ¿Exageración, elitismo? No; pruebe a estar en una sala de espera de una clínica más de una hora oyendo conversaciones ajenas, a veces varias a la vez. Y a buen volumen porque el del otro lado del teléfono suele ser sordo. O está lejos. O tiene la música alta. Pongan letreros: "Por respeto a los demás, apague el sonido de su móvil y salga fuera si necesita hablar." ¿Es tan difícil?

Inés Aizpún