Viajes de ida y vuelta
Hacer las Américas, emigrar a Europa
Manuel Rodríguez Maire falleció a los 103 años. Era el emigrante español más longevo en el país y acababa de recibir un reconocimiento de la Fundación de la Inmigración Española en República Dominicana.
Una emigración de otra época: pocos españoles vendrían hoy a trabajar 16 horas al día detrás del mostrador de un colmado o de una tienda de tejidos. Tampoco querrían recorrer el país con género variado llegando a los pueblos más alejados, como hicieron tantos. Era la emigración de la pobreza pero también de la aventura, la de "hacer las Américas". La que junto a la inmigración "turca" dio personalidad comercial a la avenida Mella y El Conde.
Una emigración que trabajó mucho y echó raíces. Algunos intentaron volver pero la readaptación no siempre fue posible. Hay en la emigración un punto de no retorno. Pasado ese tiempo... toca celebrar tener dos patrias y superar la nostalgia que pueda quedar ahí dentro, como un rescoldo de añoranza.
Era una emigración que amaba su patria, la chica y la grande, y que frecuentemente volvía al terruño para casarse con alguna moza de su pueblo. Unos emigrantes que llegaban por el efecto llamada de parientes, de la misma forma que hoy tantos dominicanos van a España o Estados Unidos "pedidos" o protegidos por algún familiar que les abre el camino.
Hoy los consulados españoles tramitan más de un millón de solicitudes de nacionalidad. (Y ya hay más de 2,660,000 españoles en el exterior con derecho a voto.) Los nuevos españoles quizá no entenderán el mundo de don Manuel Rodríguez Maire; ha pasado demasiado tiempo desde 1943, cuando llegó a RD. Pero si deciden emigrar a España, sí compartirán con él la experiencia de empezar una nueva vida, lejos de lo conocido, y a aprender a vivir de otra manera.

Inés Aizpún