×
Versión Impresa
Edición Impresa.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

La mediocridad del populismo

La comodidad del atajo frente al rigor

Expandir imagen
La mediocridad del populismo
La alternativa: liderazgo serio y responsable. (GENERADA CON IA)

Populismo es, en pocas palabras, una "puesta en escena" de lo que no es la autenticidad y el compromiso genuinos.   Equivale a doble moral. La costumbre arraigada de cambiar argumento por hipocresía.  Es prometer lo fácil en lugar de explicar lo difícil aunque cueste y buscar un culpable en vez de asumir responsabilidad. El populista divide el mundo en dos: un público bueno, que lo acepta incondicionalmente y un público malo, que, regularmente, son aquellos que no coinciden con sus criterios, pero que en la realidad dan frutos. Desde ahí vende soluciones que suenan bonitas pero que casi nunca producen resultados tangibles. Y aquí está lo importante: el populismo no es solo de los políticos. Es una tentación que también atraviesa al sector privado y a la sociedad civil. Esa es su verdadera mediocridad: es nocivo, fácil de copiar y cómodo de practicar.

En la política, el populismo se práctica a diario. Primero, se olvidan los principios, la condición de empleado y la temporalidad de las posiciones públicas que se ocupan. Suelen anunciar encuentros con bombos y platillos que terminan en nada. Prometen la obra antes de tener el estudio que diga si es viable solo para darle un "tente ahí" a las quejas de sus representados. Se ataca "al sistema" mientras se disfruta cómodamente de sus privilegios. Es la mediocridad de quien se cree popular y persigue lograr aplausos, pero sin obtener objetivos reales que den respuestas efectivas a las necesidades de la gente.

Pero,  sería injusto quedarnos solo con los políticos. El sector privado tiene su propio populismo, aunque alli se use corbata en lugar de  bandera.  Es el empresario que se pronuncia en público por el bienestar del país a la vez que rechaza en privado su cuota de sacrificio.  Es el gremio ptofesional que pregona en voz alta beneficios para los de su clase mientras, en privado, solicita prerrogativas extraordinarias para su grupo de leales. Es el "liderazgo empresarial" que confunde una buena nota de prensa con una visión real de país.

La sociedad civil tampoco se salva. Existe un populismo de causas nobles convertidas en espectáculo: Es el directivo de organizaciones de base comunitaria  que habla de lograr beneficios para sus barrios y sectores mientras distribuye lo conseguido, mayoritariamente, entre sus acólitos mas fieles. 

Lo que une a estos tres populismos —el político, el empresarial y el social— es lo mismo: atraer apoyo y evitar la pregunta incómoda de "¿y después qué?". Todos ellos le temen "a lo que sigue porque se exige rendir cuentas y explicar lo dicho o  propuesto y lo que, finalmente, no se consiguió. Por eso el populismo, venga de donde venga, es fundamentalmente perezoso: elige el atajo antes que el camino correcto.

La alternativa al populismo es simple, pero fructuosa: tomarse las cosas en serio: decir la verdad sobre todo, actuar con justicia, basarse en el rigor técnico,  explicar lo difícil aunque no sea popular, sostener una posición cuando los datos la respaldan, y medir el verdadero liderazgo —político, empresarial o social— no por su aparición en las redes sociales y aplausos del momento, sino por lo sólido que queda construido cuando ese aplauso se apaga.

TEMAS -