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Las Terrenas y la nueva generación del turismo inmobiliario de lujo

Villas, naturaleza y exclusividad en el Caribe

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Las Terrenas y la nueva generación del turismo inmobiliario de lujo
ARCHIVO / DIARIO LIBRE

Hay destinos que uno visita y otros que uno empieza a imaginar como el lugar donde podría vivir. Las Terrenas pertenece desde hace años a esa segunda categoría. Su mezcla de playas, naturaleza, gastronomía y ambiente cosmopolita convirtió a este rincón de Samaná en uno de los lugares preferidos de muchos extranjeros que llegaron buscando algo más que unas vacaciones.

Pero creo que estamos entrando en una nueva etapa.

Las Terrenas está dejando de ser únicamente un destino turístico atractivo para convertirse en uno de los mercados con mayor potencial dentro del turismo inmobiliario de lujo en República Dominicana.

Y no lo digo solamente por los nuevos proyectos que comienzan a aparecer. Lo dicen también los precios, el tipo de producto que se está desarrollando y el perfil del comprador que está mirando nuevamente hacia la península de Samaná.

El mercado ya está hablando

Hay un dato que me parece particularmente revelador. A agosto de 2026, el mercado de Las Terrenas registra un precio de oferta mediano cercano a US$2,225 por metro cuadrado, según datos de propiedades activas analizadas por Ubikala. En las zonas más cotizadas, la cifra sube considerablemente: Punta Bonita alcanza alrededor de US$2,951 por metro cuadrado, El Portillo unos US$2,621 y Las Ballenas alrededor de US$2,350.

Otra medición independiente, actualizada al 31 de agosto, sitúa las villas del sector oeste, donde se encuentran Playa Bonita y otras playas de mayor prestigio, en una mediana de US$2,352 por metro cuadrado, mientras las preventas alcanzan aproximadamente US$2,738 por metro cuadrado. En El Portillo, las villas rondan los US$2,262 por metro cuadrado.

Son precios de oferta, no necesariamente precios finales de cierre, y esa distinción es importante. Pero aun así cuentan una historia: el mercado está asignando cada vez más valor a estar en determinados lugares de Las Terrenas.

Y cuando un territorio comienza a generar diferencias importantes de precio según su ubicación, su paisaje y su cercanía al mar, estamos frente a un mercado que se está sofisticando. Ya no se está vendiendo simplemente "un apartamento en Samaná". Se está vendiendo ubicación, privacidad, naturaleza y estilo de vida.

Los europeos entendieron primero el valor de Las Terrenas.

Quizás una de las razones por las que este mercado tiene tanto potencial es que Las Terrenas no tuvo que inventarse una comunidad internacional. Ya la tenía.

Durante décadas, franceses, italianos, españoles, belgas y ciudadanos de otros países europeos encontraron aquí un lugar para vivir, invertir, retirarse o simplemente pasar largas temporadas. Eso creó una cultura inmobiliaria particular: el extranjero que llegó inicialmente como turista comenzó a conocer el territorio, a relacionarse con la comunidad, a descubrir sus playas y restaurantes y, eventualmente, a preguntarse si podía tener una propiedad allí.

Ese proceso es fundamental para entender el turismo inmobiliario. Primero se enamora del destino. Después quiere regresar. Luego quiere quedarse. Y finalmente quiere comprar.

Las Terrenas recorrió buena parte de ese camino mucho antes de que el término lifestyle real estate se convirtiera en una tendencia internacional. Ahora el mercado está profesionalizando algo que ya existía. De hecho, leí recientemente en InCaribe Media un análisis sobre cómo esa comunidad europea de larga data sigue siendo, hoy en día, uno de los motores silenciosos detrás del interés renovado por la península de Samaná.

La villa está ganando protagonismo

Una de las señales más claras de esta nueva etapa es el protagonismo que están tomando las villas. La razón es sencilla: el comprador de alto nivel busca privacidad.

Una villa permite tener piscina, jardín, espacios para recibir familiares y amigos, vistas, independencia y una relación mucho más directa con el entorno. Pero además puede funcionar como segunda residencia y, bajo determinados modelos de operación, como activo turístico. Es una combinación poderosa: el propietario puede disfrutarla durante una parte del año y convertirla en una fuente de ingresos durante el resto.

Eso explica por qué cada vez vemos más propuestas inmobiliarias que no venden solamente una unidad residencial, sino una experiencia alrededor de ella. Y ahí es donde Las Terrenas empieza a diferenciarse.

El lujo ya no significa necesariamente construir más

El turismo inmobiliario de lujo también está cambiando. Durante años asociamos el lujo con grandes superficies, torres, enormes instalaciones y una cantidad interminable de amenidades. Hoy el concepto es diferente: lujo puede ser privacidad, buena arquitectura, una villa integrada con la naturaleza. Puede ser tener un spa cerca, una buena propuesta gastronómica, servicios profesionales y la tranquilidad de saber que alguien se ocupa de la propiedad cuando el dueño está fuera.

Algunos de los nuevos desarrollos de Las Terrenas están entendiendo precisamente esa transformación. En Blu Terrenas, por ejemplo, la escala del proyecto y la combinación de componentes residenciales, turísticos y de servicios muestran una apuesta por crear algo más amplio que un conjunto de propiedades. Y el hecho de incorporar el golf dentro de esa visión resulta especialmente interesante, porque este deporte históricamente ha estado asociado a algunos de los principales destinos de turismo inmobiliario de lujo del país. No significa que Las Terrenas tenga que convertirse en otro destino de golf; significa que está incorporando nuevas razones para que un comprador considere quedarse, invertir y vivir allí. Ese es el cambio.

En Donoma, por otro lado, vemos otra expresión de esta evolución: la combinación entre hospitalidad y villas de estilo residencial. El proyecto, integrado a la colección Autograph Collection de Marriott, cuenta con 94 alojamientos y villas de diferentes tamaños, incluyendo unidades de cuatro habitaciones con piscina privada.

Más que hablar de un proyecto específico, lo que me interesa de estos ejemplos es lo que representan: el mercado está dejando de separar hotelería e inmobiliario. El comprador quiere una residencia, pero también quiere servicios. El turista quiere una experiencia de hotel, pero puede terminar convirtiéndose en propietario. Y el desarrollador tiene que entender ambos comportamientos.

No es solamente Blu Terrenas ni Donoma

Ahí está, precisamente, lo interesante: la transformación no depende de un solo proyecto. Spirit of Terrenas, Sublime y otras propuestas que han ido desarrollándose en la zona forman parte de una evolución más amplia del producto. Cada uno tiene su propia interpretación —algunos apuestan más por la residencia; otros por la hotelería; otros por la naturaleza o por el concepto de comunidad— pero juntos ayudan a demostrar que existe algo que hace unos años era mucho menos evidente: Las Terrenas tiene un mercado dispuesto a pagar por una experiencia inmobiliaria de mayor nivel. Y eso cambia las reglas.

El verdadero lujo está fuera de la propiedad

Aquí está mi principal reflexión. Cuando alguien compra una villa de lujo en Las Terrenas, no está comprando únicamente los metros cuadrados de la casa. Está comprando lo que existe alrededor: la playa, el paisaje, la tranquilidad, la gastronomía, la comunidad, la posibilidad de caminar por un destino donde todavía existe una escala humana.

Por eso los precios inmobiliarios de la zona no pueden analizarse únicamente desde la perspectiva de la construcción. El valor también está en el territorio. Una propiedad puede tener una arquitectura extraordinaria, pero si el entorno se deteriora, pierde parte de su atractivo. Una villa puede tener una piscina espectacular, pero si el acceso a la playa se vuelve complicado, algo cambia. Un proyecto puede tener excelentes servicios, pero si el destino pierde su identidad, el producto también pierde valor. El lujo comienza mucho antes de la puerta de entrada de la propiedad.

El desafío será crecer sin perder el encanto

Y aquí es donde Samaná tiene que ser cuidadosa. Las Terrenas tiene una oportunidad extraordinaria, pero precisamente por eso debe evitar convertirse en víctima de su propio éxito.

No podemos pensar solamente en cuántas nuevas unidades inmobiliarias puede absorber el mercado. Tenemos que pensar en la infraestructura, en las calles, en el agua, en el manejo de residuos, en la movilidad, en la protección de las playas y en la planificación territorial. Porque si el producto que estamos vendiendo es exclusividad, naturaleza y calidad de vida, el destino completo tiene que sostener esa promesa. El lujo no puede terminar siendo una urbanización cerrada rodeada de un territorio deteriorado. Eso sería una contradicción.

Si la península consigue desarrollar un modelo de turismo inmobiliario de alto nivel sin perder sus activos naturales y su identidad, Samaná puede convertirse en uno de los grandes mercados de segunda residencia del Caribe. Y eso tendría implicaciones enormes: más inversión, más empleos, más servicios, más gastronomía, más construcción especializada, más arquitectura, más actividad empresarial. Pero también una mayor responsabilidad, porque cada nuevo proyecto no solamente agrega unidades inmobiliarias: también modifica el territorio. Por eso esta nueva generación del turismo inmobiliario de lujo debe ser mucho más consciente de dónde está construyendo.

Las Terrenas no necesita ser otra Punta Cana

República Dominicana ya tiene grandes destinos. Punta Cana demostró que podemos desarrollar turismo a gran escala. Cap Cana demostró que podemos construir comunidades inmobiliarias sofisticadas. Casa de Campo lleva décadas demostrando el valor de una marca residencial internacional.

Las Terrenas no tiene que copiar ninguno de esos modelos. Su oportunidad está precisamente en construir uno propio: un modelo donde el turismo inmobiliario de lujo tenga una relación más estrecha con la naturaleza, las villas, la gastronomía, el bienestar y la identidad cultural del destino.

El mercado ya está dando señales. Los precios del metro cuadrado muestran una valorización importante en sus zonas premium. La oferta de villas se está sofisticando. Los compradores internacionales siguen mirando hacia la zona y los nuevos proyectos están elevando el nivel del producto. Ahora falta algo más difícil: ordenar el crecimiento.

Las Terrenas tiene algo que ningún desarrollador puede fabricar desde cero: una historia. Tiene una comunidad internacional que llegó antes que los grandes proyectos, un paisaje extraordinario, playas, una identidad, y una percepción internacional que ya está comenzando a reflejarse en el valor de sus propiedades.

La oportunidad está en convertir todo eso en un mercado inmobiliario sofisticado sin destruir la esencia que lo hizo posible. Quizás por eso Las Terrenas sea una de las conversaciones más interesantes que tendremos en los próximos años sobre turismo inmobiliario en República Dominicana. No porque vaya a convertirse en otra Punta Cana, sino porque puede demostrar que existe otra manera de construir lujo: un lujo más íntimo, más natural, más residencial, más conectado con el territorio.

Y si lo hacemos bien, dentro de unos años no estaremos hablando solamente de Las Terrenas como uno de los lugares más bonitos de Samaná. Estaremos hablando de ella como uno de los destinos que ayudaron a escribir la nueva historia del turismo inmobiliario de lujo en República Dominicana.

TEMAS -

Director Comercial de Constructora Incaribe, especialista en turismo inmobiliario, inversión y desarrollo del sector construcción.