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Los próximos lunes

La palabra responsable como espacio exigente

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Los próximos lunes
La prudencia como virtud, no como miedo. (GENERADA CON IA)

Uno cree que el artículo comienza con la primera línea, cuando en realidad empieza mucho antes: en la conciencia, en el momento que se vive y en la pregunta silenciosa sobre qué conviene decir, cómo decirlo y para qué.

Escribir en la vida pública no es un acto inocente. La palabra publicada puede orientar, incomodar, abrir caminos o levantar muros. Por eso, quien escribe con alguna conciencia del país debe entender que cada texto no solo expresa una opinión: también revela una manera de habitar el debate.

En tiempos de sensibilidad, la tentación viene por dos extremos. De un lado, callar por prudencia mal entendida; del otro, hablar con dureza para demostrar independencia. El silencio absoluto deja vacíos que otros llenan con ruido. La estridencia puede convertir una causa legítima en una simple disputa de temperamentos. Ninguno de los dos caminos es útil.

No se trata de hablar o callar, sino cómo sostener una voz sin que se convierta en ruido; cómo defender ideas sin caer en la soberbia; cómo señalar tareas pendientes sin desconocer lo avanzado; cómo ejercer la crítica sin perder el sentido de país.

Los próximos lunes, como todos los lunes, habrá algo que decidir. No solo un tema, también un tono. No solo una frase, también una intención. No solo una posición, también una forma de estar en la conversación nacional.

Escribir no consiste únicamente en tener razón. Muchas veces consiste en saber servir a una conversación más grande que uno mismo. Hay verdades que, dichas con arrogancia, se debilitan. Hay advertencias que, formuladas con serenidad, ganan fuerza. Hay críticas que no necesitan herir para ser firmes. Y hay silencios que no son prudencia, sino renuncia.

La prudencia bien entendida es sentido de oportunidad, dominio de sí, comprensión del contexto. Saber que no toda batalla se libra con la misma intensidad. Pero la prudencia tampoco puede ser excusa para abandonar las convicciones: cuando se vuelve miedo, deja de ser virtud; cuando la firmeza se vuelve agresión, deja de ser lucidez.

En una sociedad democrática, la opinión pública necesita voces capaces de pensar sin mandato ajeno, disentir sin destruir y proponer sin someterse al aplauso fácil. Necesita una conversación donde el poder no tema la crítica, pero donde la crítica tampoco olvide que el país no se construye desde el resentimiento.

Los sectores productivos, las instituciones, la sociedad civil, la academia, los medios y los ciudadanos comparten una tarea incómoda: aprender a escucharse aun cuando no coincidan. Un país no avanza si cada diferencia se interpreta como amenaza, ni si cada crítica es vista como una declaración de guerra. La madurez institucional comienza cuando somos capaces de distinguir entre el ataque personal y la advertencia responsable.

Los próximos lunes no deberían ser una huida ni una provocación, sino una oportunidad para elevar el tono sin bajar los principios. Para escribir con más serenidad, no con menos convicción. Para cuidar las palabras, no para domesticarlas. La firmeza más duradera suele ser la que no necesita gritar.

Quizás esa sea la tarea más difícil de quien decide opinar en público: no dejarse arrastrar por el aplauso de los que quieren más dureza, ni por la presión de quienes prefieren menos incomodidad. Entre ambos extremos hay un espacio más exigente: el de la palabra responsable. Allí es donde quisiera permanecer.

No porque sea el lugar más cómodo, sino porque es el lugar desde donde todavía se puede aportar algo: decir lo necesario, reconocer lo justo, advertir lo pendiente, defender lo que se cree. Y hacerlo recordando que, por encima del orgullo personal y las tensiones del momento, hay una responsabilidad mayor: contribuir a que el país piense mejor.

Al final, cada lunes será una decisión. No escribir para reaccionar, sino para discernir. No publicar para desafiar, sino para construir. No callar para evitar problemas, ni hablar para buscarlos. Simplemente asumir que la palabra pública, cuando se ejerce con conciencia, debe ser al mismo tiempo libre, prudente y firme.

Los próximos lunes dirán muchas cosas. También dirán qué tipo de voz uno está dispuesto a cuidar.

TEMAS -

Director Ejecutivo, Cámara Minera Petrolera de la República Dominicana.