RD: tres décadas de crecimiento y el plan de Abinader para duplicar la economía
La economía dominicana camina hacia la meta de duplicarse en ocho años

Por décadas, la República Dominicana fue vista como una economía dependiente de unos pocos productos tradicionales. En los años 80 y 90, la discusión económica giraba en torno a la cuota azucarera en Washington, símbolo de una estructura productiva limitada y vulnerable. Sin embargo, esa realidad ha cambiado de manera profunda y sostenida.
Hoy podemos afirmar, sin temor a exagerar, que el país es otro. La economía dominicana ha transitado desde el modelo primario exportador basado en azúcar, café y cacao (la economía del postre), hacia una estructura mucho más diversa, resiliente y dinámica. Recuerdo haber visto las administraciones de Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco y el Dr. Joaquín Balaguer negociando la cuota azucarera con los presidentes norteamericanos Jimmy Carter y Ronald Reagan, como panacea económica de la República Dominicana.
Sería mezquino negar que con más aciertos que errores, las últimas administraciones de Joaquín Balaguer, el primer gobierno de Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Leonel Fernández en su 2do. y 3er. período, Danilo Medina y el actual presidente de la República Dominicana Luis Abinader, han cambiado totalmente la economía en los últimos 30 años.
Estas administraciones han contribuido a consolidar una economía que hoy descansa en múltiples pilares: minería, turismo, zonas francas, sector agropecuario, sector agroindustrial, industria farmacéutica, sector inmobiliario, sector tabaquero, sectores tecnológicos, exportaciones y remesas. Esta diversificación ha permitido que el país se posicione como una de las economías de mayor crecimiento en América Latina, destacándose además por su estabilidad macroeconómica relativa en un entorno regional frecuentemente convulso.
En ese contexto, el actual gobierno del presidente Luis Abinader ha enfrentado un punto de partida particularmente adverso. El inicio de la gestión coincidió con el impacto global de la pandemia, que obligó al cierre de la economía durante un periodo significativo. A pesar de ello, los indicadores muestran una recuperación vigorosa. El producto interno bruto, que rondaba los 78 mil millones de dólares en 2020, ha superado los 130 mil millones en la actualidad. De mantenerse esta tendencia, el presidente Luis Abinader habrá logrado duplicar la economía dominicana en 8 años de ejercicio, alcanzando un PIB de 156 mil millones de dólares, a pesar de haber sobrellevado año y medio de pandemia del COVID 19.
Este crecimiento ha estado acompañado de señales visibles en distintos sectores como la expansión del turismo en general, el relanzamiento del turismo en Puerto Plata, y el inicio de expansión en Miches, Montecristi y Pedernales. El dinamismo en la inversión extranjera, fortalecimiento de las zonas francas, incremento en las exportaciones y una actividad inmobiliaria en constante auge. A esto se suma el papel determinante de la diáspora, cuyas remesas continúan siendo un soporte clave para la economía nacional.
Asimismo, el desarrollo de infraestructuras y de vías de comunicación como la ampliación de la Av. de San Isidro, la Av. Hípica y la antigua Av. Ecológica, hoy Av. José Francisco Peña Gómez que han interconectado el municipio de Santo Domingo Este. La construcción de las circunvalaciones de Baní y Azua, la carretera que conecta El Cercado, Juan Santiago y Hondo Valle en Elías Piña, la ampliación a 4 vías de la entrada a la provincia de Samaná, y muchas más a nivel nacional.
Otro ejemplo son municipios como Licey, Tamboril o Puñal, que antes eran periféricos y hoy se encuentran prácticamente integrados al centro urbano de Santiago.
Constantemente estamos siendo testigos de aperturas de nuevos negocios, construcción de plazas comerciales, construcción de hoteles, evidenciando el impacto del crecimiento económico.
La República Dominicana ha avanzado de manera significativa y sostenida. Negarlo sería mezquino; ignorar lo que falta por hacer, irresponsable. El desafío hacia el futuro es claro: consolidar lo logrado, corregir las debilidades y garantizar que el progreso económico se convierta en desarrollo inclusivo.
Ese es, en definitiva, el verdadero termómetro de una nación que ha cambiado... y que aún tiene mucho por construir.

José Francisco Peña Guaba
José Francisco Peña Guaba