×
Versión Impresa
Día Jueves, 19 de Febrero de 2026 Edición 7251.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

Precios de alimentos bajo presión: el desafío es proteger la próxima cosecha

Medidas clave para garantizar el flujo de fertilizantes y alimentos

Expandir imagen
Precios de alimentos bajo presión: el desafío es proteger la próxima cosecha
Se necesita coordinación internacional contra la inflación de los productos básicos. (NARINDER NANU/AFP)

Hay que considerar ciertas señales: este año hay alimentos, aunque caros; el verdadero problema podría llegar el próximo período. El impacto de precios altos en energía y fertilizantes suele notarse en la campaña agrícola siguiente, cuando ya no se pueden ajustar decisiones de siembra ni de fertilización.

Eso es exactamente lo que está en juego con el conflicto iniciado en el golfo Pérsico a comienzos de 2026. La disrupción del comercio por el estrecho de Ormuz —una vía crítica para la energía y los fertilizantes— provocó una reacción inmediata de los mercados. En los primeros días, el tráfico de buques tanque se desplomó más del 90 %, dejando temporalmente fuera de operación hasta 10 millones de barriles diarios de producción petrolera. El petróleo y el gas subieron con fuerza (el Brent alcanzó los 115–120 dólares por barril y los precios del gas natural europeo aumentaron entre 50 % y 75 %) y, con ellos, los costos de producir alimentos. La agricultura recibe el golpe por diversas vías: combustible, transporte, seguros y fertilizantes.

El punto clave es el precio del petróleo, del gas natural (insumo para nitrógeno) y los fertilizantes. El Golfo concentra entre 30 % y 35 % de las exportaciones mundiales de urea y 20–30 % de las de amoníaco, y hasta 30 % del comercio global de fertilizantes pasa por Ormuz. Con la disrupción del tráfico marítimo, hoy están paralizadas entre 3 y 4 millones de toneladas mensuales de comercio de fertilizantes. A diferencia del petróleo, no existen reservas estratégicas internacionales de fertilizantes. Si el choque persiste, la FAO estima que los precios podrían mantenerse 15–20 % más altos durante el primer semestre de 2026.

Pero hay más. El Golfo también es origen de casi la mitad del comercio mundial de azufre, un insumo esencial para producir ácido sulfúrico, necesario a su vez para procesar la roca fosfórica en fertilizantes fosfatados. Sin este insumo, las cadenas de producción de fosfatos se fracturan globalmente, afectando incluso a países como Marruecos —el mayor exportador mundial de fosfatos— que importan 3,7 millones de toneladas de azufre del Golfo.

El efecto es conocido y predecible: márgenes agrícolas más estrechos, menor uso de insumos y riesgo de menores rendimientos en la próxima cosecha. Cuando el fertilizante se encarece, los productores —especialmente los pequeños y medianos— ajustan primero por la vía de los insumos. El resultado no se ve hoy en los mercados, pero se sentirá mañana en la producción y, posteriormente, en el precio de los alimentos. Menos fertilización implica menor oferta y, con ello, mayor presión sobre los precios internos, afectando de manera desproporcionada a los hogares más vulnerables.

En América Latina y el Caribe, donde la subalimentación se redujo hasta alrededor del 5,1 % en 2024, el riesgo es que los altos costos reduzcan el acceso a dietas saludables y pongan en peligro avances logrados con mucho esfuerzo. Brasil, por ejemplo, es particularmente vulnerable: una quinta parte de sus fertilizantes proviene del Golfo, y su agricultura intensiva en nitrógeno significa que cualquier aumento global de precios impacta directamente en sus costos de producción. Como potencia agrícola global (principal exportador de soja, maíz y azúcar), cualquier reducción en sus rendimientos se transmitiría directamente a los precios mundiales de los alimentos.

En la República Dominicana, el mensaje es similar. Aunque el país importa un porcentaje menor de fertilizantes directamente desde el Golfo, paga precios globales. Cuando una región que concentra una parte sustantiva del comercio mundial de urea y amoníaco se ve afectada, los precios suben para todos. En el país, los fertilizantes tienen un gran impacto en los costos agrícolas (entre un 5 % y 21 %), especialmente en cultivos como arroz, plátano, caña de azúcar y café, donde hay muchos pequeños productores con bajos márgenes. Esto puede reducir la producción, la oferta y aumentar la vulnerabilidad económica, aun cuando los mercados sigan abastecidos.

Frente a este escenario, el mensaje desde la FAO es claro: este riesgo se puede contener, pero solo si se actúa a tiempo y de forma coordinada.

En el corto plazo, es fundamental proteger la próxima cosecha:

  • Mantener abiertos los flujos comerciales críticos, diversificando rutas logísticas a través de Omán, Turquía o el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur y aplicando medidas temporales para reducir disrupciones.
  • Reforzar el monitoreo de mercados de energía, fertilizantes y alimentos mediante sistemas de alerta temprana que permitan actuar antes de incrementos de precios.
  • Proteger a los hogares más vulnerables con apoyo financiero, ayuda alimentaria y redes de protección focalizadas, especialmente en países como Sudán, Somalia, Kenia y Mozambique, que dependen del Golfo para entre el 22 % y el 54 % de sus importaciones de fertilizantes.
  • Sostener la producción agrícola garantizando acceso a crédito y liquidez para evitar recortes en siembra y fertilización.
  • Evitar desvíos abruptos hacia biocombustibles que presionen la disponibilidad y los precios de los alimentos, especialmente cuando los precios del petróleo superan los 100 dólares por barril.

En el mediano plazo, reducir vulnerabilidades estructurales:

  • Diversificar proveedores y fortalecer la coordinación regional para disminuir la dependencia de mercados concentrados y evitar restricciones comerciales descoordinadas, como las que ya hemos visto.
  • Fortalecer la planificación de contingencias, incluyendo reservas estratégicas y capacidades de almacenamiento y distribución.
  • Actualizar mapas de suelos y nutrientes para ajustar dosis y tipos de fertilizantes a las necesidades reales de cada cultivo y territorio, reduciendo costos, desperdicios y vulnerabilidad ante shocks de precios.

Y a largo plazo, construir resiliencia:

  • Invertir en productividad agrícola sostenible y eficiencia energética.
  • Impulsar fertilizantes sostenibles de producción nacional, incluidos biofertilizantes y amoníaco verde.
  • Prepararse para cambios estructurales (volatilidad persistente y ajustes productivos) integrándolos en la planificación agrícola, energética y fiscal.

La decisión es hoy. La seguridad alimentaria no se defiende cuando faltan los alimentos, sino antes. Si dejamos que un shock de costos se convierta en un shock de producción, el precio lo pagarán las próximas cosechas y los hogares más vulnerables.

El estrecho de Ormuz es una franja estrecha de agua, pero conecta los cimientos de la seguridad alimentaria mundial. Mientras trabajamos para reabrirlo mediante la diplomacia, debemos actuar ahora con coordinación, con rapidez y con la clara convicción de que la seguridad alimentaria es seguridad nacional.

TEMAS -

Economista Jefe, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).