¿Por qué perdió el equipo dominicano de béisbol del de Estados Unidos en el Clásico Mundial de 2026?
Análisis de una derrota inesperada frente a Estados Unidos

1. Rara vez escribo de béisbol, aunque soy aficionado a este deporte desde la infancia. La primera vez que lo hice, fue el 3 de octubre de 1998 en la sección Cultura del periódico El Siglo donde analicé con el título de «El deporte como cultura (Sosa y McGwire: calidad y competitividad en un mundo de ´identidades cambiantes´.») Este artículo fue recogido en mi libro Ensayos sobre lingüística, poética y cultura (Santo Domingo: Librería La Trinitaria, 2005, pp. 430-434).
2. La segunda vez que escribí sobre el tema deportivo fue en 2006: Un artículo, parecido al presente, titulado «La derrota de la República Dominicana en el Clásico de Béisbol del Caribe», el cual se encuentra recogido en mi libro Estudios lingüísticos, literarios, culturales y semióticos (Santo Domingo: Universidad APEC, 2011, pp. 441-443). En aquella ocasión nuestro equipo perdió de Cuba 3 por 1, en circunstancias casi similares a la derrota del domingo pasado, 2 por 1, a manos de los Estados Unidos
3. En esta ocasión, en esta tercera vez, voy a analizar las razones que, en mi opinión, llevaron al equipo dominicano a su perdición. ¿Qué sucedió el domingo pasado donde hubo tres grandes oportunidades para anotar carreras y ganar el juego? 1) Después del cuadrangular de Junior Caminero, cada tolero se confió en que el otro botaría la bola y este exceso de confianza les perdió: 2) Otro factor fue el miedo sicológico al equipo estadounidense y la ideología internalizada de que el país del Norte es, tanto política como en cualquier área, invencible, a pesar de la evidencia contraria, puesto que Italia le ganó al equipo de los Estados Unidos; 3) En el juego del domingo pasado, nuestros jonroneros jugaron con miedo a lastimarse y perder la temporada de Grandes Ligas que comienza a inicio de mes que viene, más rentable para ellos que este Clásico del Caribe. Esto explica la gran cantidad de ponches con bolas afueras o bajas sufrida por nuestro equipo; 4) En consecuencia, la falla del bateo de nuestro equipo que desperdició tres oportunidades de oro para ganar el partido, 4º, 7º y 9º innings, contrariamente a como lo hicieron en las cinco victorias anteriores en las que impusieron una marca de jonrones (15) con 41 carreras empujadas. Hay que decir que el árbitro estadounidense que trabajó en ese partido pareció estar en contra del equipo dominicano. Pero eso es harina de otro costal.
4. Nuestros grandes jonroneros fallaron, fallo que contradijo la gran cantidad de carreras empujadas en los juegos anteriores donde salieron victoriosos y nunca se les notó preocupación o desesperación. Todo lo contrario, un triunfalismo emocional hiperbólico; 5) El picheo dominicano de relevo tiró igual cantidad de innings sin carreras que los lanzadores del equipo estadounidense (8 en total), de modo que no es atribuible a nuestro picheo la pérdida del juego, que en este partido dicho relevo fue impecable. Tampoco es atribuible nuestra derrota a los dos jonrones ganadores de Gunnar Henderson y Román Anthony (dice un dicho beisbolero que un jonrón se lo dan a cualquier picher, por más alta que sea su calidad y efectividad. El jonrón de Junior Caminero encontró a Skenes con una efectividad de 1. 97, si no yerro, lo cual es una prueba fehaciente, pero la falta de bateo oportuno de nuestros jonroneros sí es un problema, sobre todo con las motivaciones causales que estoy explicando; 6) Albert Pujols dirigió impecablemente el equipo. Sacó a los lanzadores cada vez que avistó un peligro de que los estadounidenses ampliaran la ventaja más allá del 2 por 1, y lo logró quizá en espera de que los jonroneros respondieran. Igual debo decir del mánager Mark de Rosa, que trató de ampliar la ventaja y no pudo. Ambos dirigentes demostraron profesionalidad y escasa emoción a lo largo del partido.
5. En cambio, un Fernando Tatis cometió, a mi juicio, dos errores mentales en el juego del domingo. El primero sucedió cuando quiso extender un doble a triple y fue cazado con un disparo certero de Aaron Judge desde el campo derecho a la tercera base con tiempo más que suficiente para sacarlo fuera. Sin necesidad de hacer ese corrido de base. Lo mismo en el juego que le ganamos a Venezuela, trató de robarse la segunda base y lo cazaron. Sin necesidad, pues un rally estaba en proceso y lo pasmó. Otro error mental, pero que no tuvo consecuencia, fue el del relevista Gregory Soto en un rolincito al guante y al tirar a segunda, con todo el tiempo por delante, lanzó alto y desviado y todo el mundo llegó salvo. Como no vi todos los juegos de nuestro equipo, no sé si hubo anteriormente otros errores mentales costosos. Tatis se hizo famoso en los Padres de San Diego por robar muchas bases de primera a segunda, pero ya, aunque corre mucho, este tipo de jugada no le funciona como antes.
6. Hay algunos que argumentan que Pujols se quedó tieso con su lápiz y su libreta como esperando que las cosas sucedieran a su favor y aducen que no debió sacar a Severino, pero este después del jonrón de Gunnar Henderson se desplomó sicológicamente y comenzó a tirar bolas al perder el control, colocó en peligro el partido y alegan esos críticos que debió mover la alineación y traer de emergentes a otros jonroneros en las entradas claves del juego, que fueron la cuarta, séptima y novena. Pero digo yo ¿a quiénes iba a recurrir si en la cueva no había nadie con el poder de fuego de Tatis, Ketel Marte, Juan Soto, Caminero, Machado, Guerrero, O´Neill y Wells? Esos toleteros fueron los que ganaron los cinco partidos con los jonrones. Entonces, ¿a quienes iba a traer Pujols de emergentes en lugar de Julio Rodríguez y Gerardo Perdomo? Leí uno por uno los nombres de los integrantes del róster de nuestro equipo y no me parece que en él hubiera un emergente con más poder de fuego que los siete primeros en la alineación del domingo en la noche. Último punto: Di por perdido el juego cuando vi que en el inning de la suerte y en el octavo a la artillería dominicana la dominaron como a una manjuilita. Al concluir el octavo episodio me acosté a dormir y cerré la nevera, como dice Juan José Rodríguez. Diario Libre del día siguiente me confirmó en mi decisión, que casi nunca me falla en esta materia de béisbol.
Este último juego entre el equipo dominicano y el estadounidense se me pareció mucho al que perdió Toronto frente a los Dodgers de los Ángeles en el séptimo y último partido de la Serie Mundial de 2025.

Diógenes Céspedes
Diógenes Céspedes