Por un poco de paz interior
La búsqueda de la paz interior frente a la presión social y la inestabilidad mundial

En varios espacios geográficos del mundo se registran complejos conflictos geopolíticos; el mundo se encamina hacia un proceso de incertidumbre que vulnera la dinámica de la economía real y los mercados; todo parecería el preludio de una crisis global. Muchos pretendemos ignorar que de manera simultánea el mundo también enfrenta un proceso de cambio de los paradigmas fundamentales de la convivencia humana, cuya expresión más simple es el rompimiento con los valores tradicionales como expresión del entendimiento social. Indudable que ambos fenómenos generan preocupación, ansiedad y, por ende, alteración de los estados emocionales de las personas.
En el último caso, la búsqueda de respuestas a las aspiraciones humanas de bienestar y felicidad puede atrapar a las personas en un estado permanente de ansiedad, convirtiendo la vida de muchos en una lucha interna constante. El punto de partida es la realidad de que, en la llamada sociedad moderna, el costo de alcanzar aceptación social está superando las posibilidades materiales de una parte significativa de la población. Es indudable que esta situación tiene implicaciones negativas para la salud mental, el bienestar emocional y, en consecuencia, para las oportunidades de vivir con mayor plenitud.
La paz interior es una condición fundamental para mantener el equilibrio emocional. Está vinculada tanto a factores externos a las personas o a los colectivos sociales, como a elementos propios de cada individuo. Al no ser estos uniformes, el concepto puede resultar difuso y, en ocasiones, difícil de comprender. Sin embargo, puede definirse como un estado emocional en el que se experimenta una sensación de tranquilidad o serenidad en un momento y espacio determinados. No puede considerarse un estado permanente, ya que varía según las circunstancias de cada persona; por ello, el autocontrol desempeña un papel esencial para su conservación y disfrute.
Alcanzar la paz interior en un mundo tan complejo no es tarea sencilla; incluso puede parecer una utopía. No obstante, es posible comenzar revisando aquellos aspectos sobre los cuales podemos ejercer cierto control, ajustando actitudes que obstaculizan la toma de decisiones razonables y racionales. Esto implica asumir cambios en el estilo de vida y liberarnos del equipaje innecesario generado por un ciclo de aspiraciones impulsado por una comunicación banal. Lograr la paz interior requiere comprensión, paciencia y prudencia en el manejo de las emociones; virtudes que permiten atravesar las turbulencias propias de la prisa y el inmediatismo de la sociedad del siglo XXI.
Los deseos desmedidos, la envidia, el rencor, el egoísmo, las falsas ilusiones y la búsqueda de satisfacer necesidades que exceden nuestras posibilidades pueden generar conflictos internos que nos alejan del buen juicio, del equilibrio y de la oportunidad de vivir en calma. Reconocer que nuestra capacidad de autocontrol, adaptación y comprensión es clave resulta fundamental para alcanzar un balance razonable que nos permita evitar excesos, irritaciones y tensiones que afectan a una parte importante de la población.
La paz interior se vuelve verdaderamente plena cuando somos capaces de compartirla. Compartir implica transmitir a quienes apreciamos la serenidad que experimentamos al vivir en calma, conscientes de que no albergamos miedos, odio ni rencores y que, por el contrario, somos capaces de situarnos en el espacio de la comprensión, el perdón y el amor. Sin duda, esta perspectiva interior nos permitirá disfrutar y difundir la paz que puede alcanzarse incluso en un mundo convulso e incierto.
En un mundo amenazado y convulso corresponde a los líderes de cada país propiciar las acciones necesarias para que el año 2026 sea menos turbulento, impulsando políticas públicas favorables a la reducción de factores exógenos como el odio racial, el cierre de fronteras y los conflictos armados, los cuales afectan la estabilidad y el crecimiento económico. Estas condiciones son determinantes para un mayor bienestar y paz social, especialmente para amplios núcleos humanos que hoy viven en contextos de discriminación, exclusión y pobreza. Para ellos, una mayor tranquilidad y seguridad representan una mejora directa en su calidad de vida.

Luis A. Reyes Abreu
Luis A. Reyes Abreu