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La minería nos mueve: comunicación, realidad y futuro de un sector estratégico

La paradoja de la minería dominicana, más respetada afuera que comprendida adentro

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La minería nos mueve: comunicación, realidad y futuro de un sector estratégico
El futuro de la minería dominicana dependerá tanto de su capacidad para producir de forma responsable como de su capacidad para comunicar con autenticidad. (FUENTE EXTERNA)

La comunicación como espejo del desarrollo

Hablar de minería en la República Dominicana no es hablar de un sector: es hablar de un país que, a través de su tierra, se reconoce, se prueba y se reinventa. La minería ha sido, por décadas, el reflejo de nuestras tensiones entre progreso y sostenibilidad, entre confianza y prejuicio. Pero hoy, más que nunca, la comunicación es el territorio donde ese equilibrio puede y debe conquistarse.

Comunicar la minería no es defenderla: es explicarla con serenidad, con datos y con propósito. Es mostrarle al país que detrás de cada tonelada de mineral hay empleo, innovación, tecnología, y una ética que evoluciona junto con la conciencia ambiental global.

De la percepción al diálogo

Durante años, la minería ha cargado con una brecha de percepción: produce valor, pero recibe desconfianza. En parte, porque no siempre se contó bien su historia; y en parte, porque el ruido suele ser más visible que la evidencia.

Esa brecha no se cierra con campañas, sino con diálogo y coherencia. El verdadero desafío comunicacional no es decir más, sino mostrar mejor: abrir espacios donde la gente vea, escuche y participe en la realidad del sector.

Una verdad sobre reputación

Hay países, empresas e instituciones internacionales que miran nuestra minería con admiración. Reconocen su solidez técnica, su contribución fiscal, su respeto ambiental y su potencial de desarrollo. Mientras tanto, parte del debate interno sigue atrapado en estigmas del pasado. Y es ahí donde cabe una verdad simple y profunda: "Quien más te valora es un desconocido, y quien más ruido te causa es un conocido."

Porque la distancia permite objetividad, y la cercanía —cuando no se renueva con diálogo— puede deformar la mirada con emociones, historias o intereses. Esa es la paradoja reputacional del sector: la minería dominicana es más respetada afuera que comprendida adentro. Superar esa paradoja no exige ruido, sino reencuentro: volver a mirar con curiosidad, no con sospecha; con razón, no con prejuicio.

La narrativa que nos une

"La minería nos mueve" no es un lema, es un acto de reconocimiento: mueve al país porque genera encadenamientos productivos, impulsa comunidades, paga impuestos, innova y cuida su entorno. Pero también nos mueve en otro sentido —más íntimo y profundo—: nos invita a pensar de nuevo quiénes somos y cómo queremos convivir.

El sector sostiene más de 30,000 empleos directos e indirectos, con salarios que superan ampliamente el promedio nacional, de hecho, los 7,199 empleos directos del sector pagan casi el doble del salario nacional, lo que convierte la minería en una de las actividades que más movilidad social genera. Ese impulso también se refleja en la educación de más de 11,000 dominicanos que han estudiado gracias al financiamiento del sector, incluyendo 1,200 becas universitarias y 1,700 formaciones técnicas que alcanzan el 100 % de empleabilidad.

Son hechos medibles, visibles y verificables. No son promesas: son país.

Una comunicación moderna no defiende intereses; defiende la verdad compartida. Habla con evidencia, pero también con empatía. Explica procesos, pero reconoce emociones. Y sobre todo, escucha antes de responder.

Hacia una comunicación del bien común

El futuro de la minería dominicana dependerá tanto de su capacidad para producir de forma responsable como de su capacidad para comunicar con autenticidad. En un mundo saturado de discursos, la voz que prevalece no es la más fuerte, sino la más creíble. Y la credibilidad nace de la coherencia: decir lo que se hace y hacer lo que se dice.

Comunicar bien es gobernar mejor. Comunicar con propósito es construir país. Porque al final, la minería no busca imponerse: busca convivir. Y convivir es la forma más alta de progreso.

Hoy, cuando la República Dominicana se juega su competitividad en un mundo incierto, la minería tiene algo que decir, algo que mostrar y algo que ofrecer: oportunidades reales para la gente, ingresos para el país y un compromiso medible con el medio ambiente y el bienestar social.

Por eso, comunicar bien no es un acto de defensa: es un acto de país.

La minería nos mueve ­–y cuando se comunica con verdad– nos mueve hacia adelante.

TEMAS -

Director Ejecutivo, Cámara Minera Petrolera de la República Dominicana.