"Entre pregones y personajes de la Zona Colonial y barrios aledaños"
De plataneros a maniceros: la música ambulante de la capital

En una mañana cualquiera, cuando aún los pájaros apenas comienzan a desperezar el día con sus chirridos, se alzan también los primeros pregones de la ciudad:—"¡Compro hierro viejo, neveras viejas, camas viejas, estufas viejas, aires acondicionados viejos, motores viejos... mujeres viejas! En fin, todo lo que sea viejo lo compramos"—.Ese canto callejero, mezcla de negocio y humor, fue parte del paisaje sonoro de Santo Domingo en los años 60, 70 y 80, y aún hoy sobrevive con algunas variaciones.
Bajando por la calle Santomé, se dejaba ver uno de los personajes más pintorescos: el Dr. Anamú. Vestía con elegancia modesta, traje de dril blanco o saco negro estrecho, sombrero y corbata negra. En su brazo izquierdo sostenía inseparables libros, y en el derecho, su gastado maletín de médico. Rumbo al Hospital Dr. P. Billini, buscaba entre monjitas la bondad de un desayuno.
En la calle Pina, aparecía temprano Lindín Rotelini —apodado "boca de jobo"—, cargando una cubeta de agua, seguido de cerca por Flérida Ozuna, su inseparable compañera, que sacaba la basura del taller de ebanistería donde ambos vivían. Su unión, celebrada en plena calle, fue recordada por los vecinos: ella, ataviada con traje de novia, y él con un saco prestado de mangas largas que ocultaban sus manos, y una corbata mal anudada por algún amigo. Lindín, de mal genio, reaccionaba con furia cuando alguien osaba llamarlo por su mote; nadie sabía de dónde aparecían las piedras que lanzaba contra los burlones, como si las guardara escondidas en el taller.
Otros deambulantes eran igualmente célebres. Maco Pempem, rechoncho y bajito, de ojos claros, pelo lacio y siempre harapiento, caminaba dejando a su paso un olor penetrante. Su voz ronca y tartamuda infundía temor entre los niños, que lo observaban desde la distancia. Barajita, en cambio, parecía salida de una comparsa: mestiza, baja de estatura, con sombrero, pestañas largas y colorete en los pómulos. Sus labios pintados de rojo encendido enmarcaban una boca sin dientes, adornada con risueños aretes colgantes, collares llamativos, pulseras y anillos en casi todos los dedos. Con blusa multicolor, falda blanca plisada y zapatos de medio taco, desfilaba oronda por las calles, como si la ciudad misma fuese su escenario.
A ese coro de personajes se sumaban los pregoneros. El español con su bicicleta, rueda de amolar y armónica anunciando su llegada; los tricicleros que gritaban "...atesadooor, atesando lo batidooore, ¡se lo pongo tieso por cinco pesos!"; el cuabero ofreciendo su estilla de leña; las marchantas de Quitasueño y Haina con sus canastas de hierbas, raíces y víveres; las lavanderas que entonaban "Lavando la ropa". Por las calles resonaban también los plataneros: "...y me voy, con los plátanos barahoneros".
No faltaban los dulceros con su campana y pregones melódicos:—"...empanadita y bizcochos, masitas y suspiros, bienmesabes sabrositos, ¡más bueno hija!, ¡ay ombe hija!"—.Ni los vendedores de "alegrías" de ajonjolí, de "jalaos" que jalaban muelas, o los maniceros con sus latas humeantes: "¡maní, manicito caliente!".
Entre tanto bullicio creció Fremio, un vecino corpulento, primero dedicado a piropear jovencitas y luego entregado a la política, criticando con pasión a Balaguer y sus doce años. Finalmente se mudó a los predios del Congreso, donde, dicen, se domesticó.
Uno de los personajes más recordados fue Chochueca (Bienvenido Martínez), inmortalizado por Cuquín Victoria en la televisión. Su costumbre era recorrer velorios para dar condolencias y pedir, con desparpajo, las ropas del difunto.
También estaban el Capitán, o Capitán de la Basura, que vestía como militar; Filito, elegante de saco y corbata, víctima de un trastorno mental que lo llevó a deambular por la Zona Colonial; Cantalindo, que improvisaba poesías y canciones en el parque Colón; y Chichí el loco, quien imitaba a los beisbolistas entre murmullos. Se unían a esta galería Balaguerito, Mamá Inés, Pachuché y, cómo no, la entrañable Dama de los perros, que paseaba por el parque Colón con su jauría fiel, convirtiéndose en leyenda viva de la ciudad.

Así, entre pregones, personajes pintorescos y el bullicio de las calles, Santo Domingo forjó parte de su memoria colectiva. La Zona Colonial y sus barrios aledaños fueron escenario de un teatro popular donde la realidad y la fantasía se mezclaban, y donde la vida cotidiana estaba marcada por voces, olores, risas y personajes que, aún en su marginalidad, forman parte del alma de la ciudad.
Fotos del Maco Pempem, Barajita, Chochueca y Capitán de archivos Américo Mejía. Foto Fremio. Periódico Hoy.
Auffant Najri, Felipe. Diario Libre. 21-08-21
Pérez, Xiomarita. Los Pregoneros. Listín Diario. 16-01-25
Pérez, Xiomarita. Los pregoneros, el folklore del trabajo en las calles. Diario Libre. 06-12- 16.