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Un cambio oportuno

La desaceleración económica presiona al Estado a redefinir su rumbo

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Un cambio oportuno
Vista de la ciudad de Santo Domingo. (DIARIO LIBRE/FÉLIX LEÓN.)

Desde hace varios meses diferentes sectores, organizaciones y personalidades, dentro de las cuales se destacan las de prominentes economistas del país, vienen advirtiendo sobre la necesidad de un cambio de dirección en algunos aspectos de la gestión del gobierno. Algunos señalan que este gobierno luce desgastado, con funcionarios que no funcionan y que hasta el propio presidente luce agobiado ante la lentitud de muchas de sus iniciativas en materia de inversión y reformas institucionales. 

 Es innegable que la desaceleración de la actividad económica en el 2025 es un factor que tiende a agravar esta percepción. También, es arriesgado suponer un escenario optimista para los próximos dos años considerando el nivel de incertidumbre mundial y, de manera particular, las circunstancias cambiantes de las decisiones estratégicas en los Estados Unidos, así como el reducido espacio de las políticas locales en el orden monetario y fiscal para actuar como impulsores de la inversión pública o privada. 

Nuestro país tiene atributos que han sido pilares fundamentales para navegar en pasadas turbulencias. Tenemos una economía que no está en crisis; un sistema financiero sólido, estable y confiable; los precios están relativamente estables y no reflejan una volatilidad asociada a una pérdida de confianza. Además, la comunidad internacional admira y valora positivamente al país y contamos con un clima favorable de estabilidad política y paz social. Sin embargo, ante escenarios tan convulsos y complejos sería prudente anticipar acciones para evitar la envestida de una ola inesperada. 

Estos atributos son activos que han sido y seguirán siendo fundamentales para garantizar el clima de confianza que requiere toda sociedad para promover la inversión, el empleo y un mejor bienestar para sus ciudadanos. Sin embargo, si asumimos las premisas iniciales como parte de una preocupación colectiva, parecería sensato reflexionar sobre lo necesario o no de un ajuste en algunos aspectos de la marcha de la gestión del gobierno. Creemos que sería oportuno que en este ciclo de incertidumbre mundial el rol del Estado debería estar más orientado a generar una contribución mayor en términos de inversión pública para impulsar la actividad económica y despejar dudas sobre la capacidad de resiliencia de este país. 

La restricción del tamaño del presupuesto y la forma en que es gestionado parece que no deja espacio para desempeñar este rol impulsor ante la ausencia de una reforma fiscal razonable y una gestión presupuestaria que privilegia el gasto corriente a través de nueva empleomanÍa y subsidios generalizados que no generan un efecto multiplicador importante. Las metas en materia de la política fiscal son complejas porque para disminuir la brecha fiscal actual (3% del PIB) y aumentar el gasto de inversión a un nivel mínimo de 3.5% del PIB se requeriría un ajuste cercano a 4% del PIB, considerando la posible racionalización del gasto corriente. Sería un ajuste considerable y que plantea dilemas complicados, pero primero corresponde al gobierno enviar una señal clara en materia de su meta de reducción de la brecha fiscal y de la estructura del gasto. 

Entendemos que la presente coyuntura demanda un "cambio" oportuno que logre afianzar la confianza en la gestión del presupuesto, lo cual, en gran medida, se obtendría con una real y efectiva voluntad de reducir el gasto corriente a niveles razonables. Esta decisión enviaría una señal de sacrificio que crearía condiciones más favorables para una posible reforma fiscal de aplicación en el 2026. Sin embargo, una nueva propuesta de reforma fiscal, en la presente coyuntura, requiere prudencia y consenso político, pero también, determinación para su aprobación y ejecución. 

Ese cambio de rumbo es una condición necesaria para facilitar la viabilidad de la reforma fiscal pendiente y en las opciones de política, una vez aprobada la reforma, no descartaría la de un financiamiento de apoyo para la sostenibilidad del crecimiento económico, para cuyo propósito la dinámica del gasto público productivo está llamado a jugar un rol preponderante en las circunstancias de incertidumbre global.

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