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Episodios de realpolitik

El colapso venezolano y la necesidad dominicana de blindarse ante el narcotráfico

Permitir el uso de infraestructura aérea dominicana para operaciones de apoyo logístico de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico en el Caribe no puede analizarse en un vacío. Es una movida delicada, cargada de implicaciones regionales, y exige matices antes de disparar conclusiones. Sí, es comprensible que algunos sectores vean en esta cooperación un engranaje más dentro de la presión internacional contra el régimen de Nicolás Maduro.  Sí, es legítimo advertir sobre los riesgos de ser arrastrados a un conflicto ajeno. Conviene escuchar los caveats con serenidad.

Pero también hay una realidad sin romanticismos: el régimen venezolano no es una víctima indefensa en el tablero. Es un aparato autoritario que ha destruido un país entero, expulsado a millones de su gente y convertido a Venezuela en un laboratorio de represión, colapso institucional y connivencia con redes ilícitas. Que nadie derrame lágrimas por un dictador que sembró ruina donde hubo una democracia vibrante.Que las advertencias sobre soberanía no sirvan como coartada para ignorar las atrocidades de un régimen que lleva años negándole libertades elementales a su propio pueblo.

República Dominicana, atrapada en la geografía del Caribe y en la presión migratoria y criminal que emana del colapso venezolano, también tiene derecho a proteger sus intereses. La cooperación en materia de seguridad —si se mantiene dentro del marco constitucional, transparente y supervisado— no es una claudicación, sino un mecanismo para blindar al país frente a una región cada vez más volátil.

Defender la soberanía implica, precisamente, garantizar que el territorio no sea utilizado por organizaciones que trafican drogas, lavan capitales o alimentan estructuras criminales transnacionales. Defender los valores implica reconocer que no todos los gobiernos son equivalentes. La prudencia es indispensable, pero la neutralidad moral —cuando se trata de dictaduras— no lo es.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.