Pescadería de Mi Barrio: un programa que conecta el mar con las comunidades
La iniciativa busca establecer microempresas que ofrezcan pescado a bajo costo, mejorando el acceso a proteínas en barrios
Entre 2021 y 2025 se han vendido casi 90,000 libras de pescado

Durante la pandemia de la COVID-19, Angélica Colón, residente en Cancino Adentro, en Santo Domingo Este, no solo tuvo que enfrentar la quiebra de su salón de belleza, sino también la enfermedad de su hija menor, quien a la edad de un año y tres meses adquirió una encefalitis viral que la mantiene con parálisis cerebral hasta hoy.
En medio de la incertidumbre de ese contexto, un programa del Estado que fomenta las pescaderías barriales ha sido fundamental para que ella, junto con sus otros dos hijos, pueda salir hacia delante.
“Ha sido una situación bien difícil porque ella (su hija) requiere un sinnúmero de terapias, su alimentación, los medicamentos, y realmente la pescadería ha sido una ayuda para nosotros”, señala la mujer.
En el municipio de Boca Chica, Erasmo Báez siempre vivió de la comercialización informal de pescado. Lo compraba a pescadores en la playa y vendía en la calle. Sin embargo, al establecerse desde su casa con un programa formal, ha representado un alivio significativo para sus finanzas y las de su esposa, Josefa Rosario.
Estas realidades, alejadas por más de 25 kilómetros, comparten algo en común. Desde el 2021, el Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura (Codopesca) mantiene activo el programa Pescadería de Mi Barrio, una iniciativa orientada a incentivar el consumo de productos pesqueros y acuícolas a bajo costo.
En un país donde la canasta básica supera ampliamente el salario promedio, el acceso a una nutrición de calidad resulta limitado, especialmente en los sectores más populosos. En estas comunidades, el consumo de alimentos suele depender de lo disponible en colmados y mercados minoristas, con escasa variedad de proteínas frescas.
Desde su fundación hasta el año pasado, las unidades del programa han comercializado alrededor de 89,717.68 libras de pescado en distintas localidades del país.
La iniciativa, que actualmente opera en 24 establecimientos a nivel nacional, busca establecer microempresas o pequeños negocios de expendio de pescado a bajo costo.
Los beneficiarios
Angélica y su cónyuge, David López, definen la iniciativa como una “bendición de Dios”, considerando que la condición de su hija no le permite trabajar a la mujer y obliga a su esposo a desempeñar un empleo nocturno.
Dicen que pueden vender entre 50 y 100 libras de producto por semana y que eso “se les va de una vez”, especialmente si es próximo a final o mediados de mes, cuando las personas han recibido su salario.
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Como la pescadería es un negocio que pueden tener en casa, eso les permite cuidar de su hija, quien, aunque recibe una pensión por discapacidad, no está recibiendo terapias debido al alto costo que representan.
Clarita Valdez es la madre de Josefina Berroa, beneficiaria del programa Pescadería de Mi Barrio en el sector Batey Bienvenido, en Manoguayabo. Señala que el programa les ha proporcionado productos, orientación y acompañamiento.
Las libras de pescado comercializadas desde 2021 a 2025 a través de las distintas Pescaderías de Mi Barrio del Codopesca.
La señora, que ayuda a su hija con la operatividad del negocio, también resalta que los precios son accesibles y permiten mantener una rotación constante de mercancía en el sector.
“Cuando hay productos nos abastecen bien, se venden bien, tienen buen precio y nos dan un servicio, mire, excelente. Ellos vienen pintando y traen productos de limpieza, cien por cien”, considera.

En términos de inversión, indica que puede destinar entre 33,000 y 40,000 pesos por pedido, dependiendo de la calidad y el tipo de producto solicitado.
Entre los pescados más solicitados se encuentran la tilapia y el carpaccio, productos que pueden adquirir a bajo costo de los acuicultores, lo que les permite venderlos con facilidad y obtener una ganancia.
La operación habitual de cada punto varía, pero se estima que comercializan entre 100 y 200 libras de pescado semanalmente, con márgenes que pueden alcanzar entre 15,000 y 20,000 pesos mensuales, dependiendo del dinamismo de ventas.
La formalidad se deteriora
Las bondades del programa y el impacto positivo que genera en las localidades donde está establecido parecen contrastar con la forma rudimentaria en que opera en algunos puntos.
En la visita de Diario Libre a cinco pescaderías ubicadas en distintos municipios del Gran Santo Domingo, la mayoría no tenía pescado disponible. Esto se debió a que las visitas coincidieron con los días previos a la entrega de pescado, ya que los pedidos se realizan semanalmente, dependiendo de la oferta de los acuicultores.
Buscan a pescadores desaparecidos
La mayoría de los vendedores coincidió en que estaban a la espera de su pedido, lo que fue corroborado por el subdirector general de Codopesca, Juan Vásquez, quien aseguró que las entregas estaban próximas a realizarse.
En una de las pescaderías se encontró pescado visiblemente en mal estado. Este medio se abstiene de revelar la unidad para evitar represalias contra los beneficiarios; no obstante, el producto presentaba moho y signos de deterioro.

Ante esto, el vendedor, quien se identificó como esposo de una de las beneficiarias, dijo que estaban a la espera de más producto y que las ventas “habían sido flojas”.
Al ser cuestionado sobre el control de inocuidad, Vásquez explicó que el programa ofrece capacitaciones continuas sobre el manejo adecuado de los productos pesqueros, con énfasis en la cadena de frío y los puntos críticos de control. También orienta sobre procesos posteriores, como fileteado, empaque al vacío y otros tipos de procesamiento.
Asimismo, aseguró que los supervisores realizan visitas periódicas para verificar las condiciones del pescado y que, en caso de detectar problemas —como fallas eléctricas que puedan afectar la conservación—, se toman medidas para corregir la situación y evitar pérdidas.
“Ellas levantan la mano de ayuda cuando han tenido un tema eléctrico, por ejemplo, porque obviamente el pescado que tienen se les va a generar descomposición; ahí uno cuando visita ve la condición del pescado y si se presencia algo de descomposición ya se procede y buscamos la forma de cómo subsanar esa parte”, manifestó.
Otra particularidad fue que en la Pescadería de Mi Barrio del Ensanche Quisqueya, el freezer estaba dañado; sin embargo, aunque no se vendía pescado, se comercializaba pollo al detalle.
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Impacto en la comunidad
Las pescaderías de Codopesca no solo han beneficiado a vendedores y productores. Los consumidores también destacan el impacto positivo en su vida cotidiana.
“Uno no tiene que ir tan lejos, como al Merca o a los supermercados. Eso es un aporte a la comunidad”, expresó Miguel Ángel, quien vive contiguo a la pescadería de Eduviges Jiménez, ubicada en Villa Hermosa, Los Alcarrizos.
Como los beneficiarios del programa, a través del Codopesca, adquieren el producto directamente de los acuicultores, pueden vender muy por debajo del precio de mercado. Por ejemplo, mientras la tilapia roja se puede encontrar entre 210 y 240 pesos la libra en las pescaderías tradicionales. Sin embargo, los vendedores de este programa aseguran comercializar el mismo producto entre 130 a 150 pesos la libra.

Los precios a los que venden los productos en estos establecimientos locales suelen estar sujetos a la disponibilidad de pescado y también influye el valor agregado, ya que en algunos puestos se puede encontrar el alimento sazonado y listo para cocinar.
Miguel Ángel dice que su familia compra pescado casi semanalmente donde su vecina y reitera que sería difícil mantener ese hábito sin la facilidad que ofrece la cercanía de la Pescadería de Mi Barrio.
Codopesca como enlace
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Según explicó Juan Vásquez, el proyecto nació para responder a dos grandes necesidades: encontrar canales de comercialización para los pescadores y acercar proteína de calidad a barrios donde el acceso era limitado. Codopesca funciona como un enlace que conecta a los acuicultores con la población y se encarga de la distribución del producto sin costo.
“Tenemos muy buenos casos de éxito en este programa, el cual no solamente se incluyen ellas (las beneficiarias), muchas veces incluyen a muchachos que están cerca de la zona sin hacer nada, para que generen como delivery, por ejemplo”, expresa.
En cerca del 90 % de los puntos de venta las beneficiarias son mujeres, aunque con frecuencia los establecimientos son operados por familiares directos.
Estas microempresas reciben apoyo institucional que incluye formación en gestión económica básica, manejo pesquero responsable y asistencia técnica continua.
Además, el programa provee equipamiento básico —como freezer, balanza, material de limpieza y, en algunos casos, fregadero— para que los beneficiarios puedan iniciar su negocio con una inversión estimada entre 70,000 y 100,000 pesos, según el equipamiento incluido.

Jesús Vásquez