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lipoproteína A
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La prueba que hay que hacerse una vez en la vida

Cada vez más sociedades médicas subrayan la necesidad de medir los niveles de lipoproteína A para tomar las medidas preventivas oportunas

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La prueba que hay que hacerse una vez en la vida
La Sociedad Europea de Aterosclerosis recomienda que los pacientes con un riesgo intermedio, moderado o alto de enfermedad cardiovascular se midan los niveles de lipoproteína A. (FREEPIK)

El colesterol es un tipo de grasa que cumple importantes funciones en nuestro organismo.

Sirve, principalmente, para la formación de las membranas de las células de los órganos, para sintetizar vitamina D, para producir hormonas y para la formación de ácidos biliares, que son sustancias que forman parte de la bilis y que facilitan la digestión de alimentos grasos.

El hígado produce colesterol y esta sustancia también está presente en los alimentos de origen animal. Las lipoproteínas son las encargadas de transportar el colesterol por la sangre. Las más conocidas son las lipoproteínas de baja densidad LDL (por sus siglas en inglés) y las de alta densidad o HDL.

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Infografía
Puesto que los niveles de lipoproteína A están determinados genéticamente, factores como la dieta o el ejercicio no les afectan. (FREEPIK)

Las lipoproteínas LDL, que se conocen coloquialmente como "colesterol malo", se encargan de llevar el colesterol desde el hígado hasta los tejidos. Por su parte, las lipoproteínas HDL o "colesterol bueno" recogen el colesterol sobrante de los tejidos y lo devuelven al hígado para desecharlo.

Acumulación de colesterol

Un exceso de LDL puede hacer que se acumule el colesterol en las paredes interiores de las arterias y se forme lo que se denomina placa de ateroma.

"Las placas de ateroma están constituidas, principalmente, por el colesterol allí almacenado, por macrófagos (que son células que fagocitan el colesterol) y por células musculares que acuden a estas lesiones", explican los especialistas del Servicio de Salud de La Rioja (norte de España).

"Los niveles altos de colesterol en sangre perpetúan este proceso. Las placas van aumentando de tamaño, lo que contribuye a una mayor rigidez de los vasos sanguíneos y a una progresiva obstrucción de los mismos. En ocasiones, las placas se rompen y se forman trombos que pueden ocluir parcial o totalmente la arteria", añaden.

Estos fenómenos originan una enfermedad llamada arteriosclerosis, que es responsable de diversos cuadros cardiovasculares, entre ellos los infartos de miocardio y los ictus.

"La lipoproteína A es un LDL al que se le añade una proteína, la Apo A, que le de unas características especiales, entre ellas que se herede y que intervenga en procesos proinflamatorios y protrombóticos, así como que incremente de forma precoz el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio o un accidente cerebral vascular isquémico", explica la doctora María Rosa Fernández Olmo, miembro de la Sociedad Española de Cardiología.

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Infografía
La placa de ateroma se va acumulando progresivamente en el interior de las arterias. (FREEPIK/BRGFX)

Accidente cerebrovascular

Un accidente cerebrovascular o ictus isquémico ocurre cuando un vaso sanguíneo del cerebro queda taponado por un trombo, de modo que una parte del cerebro deja de recibir el aporte de sangre que necesita y esto hace que las neuronas de la zona afectada mueran.

En este sentido, la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) indica que la concentración de lipoproteína A (especialmente los niveles muy elevados) "tiene una innegable asociación con determinadas complicaciones cardiovasculares, como las derivadas de la enfermedad vascular arteriosclerótica o la estenosis aórtica".

La estenosis aórtica consiste en el estrechamiento de la válvula aórtica del corazón. Esto impide que dicha válvula se abra completamente, de manera que disminuye el flujo de sangre que va desde el corazón hacia el resto del cuerpo.

El riesgo asociado a la lipoproteína A varía según sus niveles en sangre. El objetivo es mantenerlos por debajo de 30 mg/dl. Los especialistas de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) explican que entre 30 y 50 mg/dl el riesgo es intermedio y que por encima de 180 mg/dl se considera muy alto.

"Se sabe que el 1% de la población tiene niveles superiores a 180 mg/dl y que, entre el 20-30%, tiene un riesgo intermedio", aclara esta entidad.

"La lipoproteína A es la proteína más aterógena que se conoce. Es cinco veces más aterógena que la LDL, que es la lipoproteína ´mala´", subraya José López Miranda, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba (sur de España) y presidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA).

Una sustancia aterógena es la que promueve la formación de placas de ateroma en las arterias.

Sin embargo, la lipoproteína A no se mide de forma rutinaria en las analíticas ya que, por el momento, no hay herramientas para su control y tratamiento.

No obstante, varias sociedades médicas como la SEMI y la SEA subrayan la necesidad de medir los niveles de lipoproteína A al menos una vez en la vida, pues se trata de un importante factor de riesgo cardiovascular.

Según indican los especialistas de la SEMI, esta prueba se puede incluir en cualquier análisis de perfil lipídico y es muy asequible en cuanto a su coste.

"La cantidad de lipoproteína A en sangre viene determinada genéticamente y varía poco a lo largo de la vida. Sabemos que una de cada cinco personas la tiene elevada", recuerda la doctora María Rosa Fernández Olmo desde la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

"Cuando dispongamos de toda la evidencia científica necesaria, estimamos que, probablemente, será el trastorno genético más frecuente de la especie humana", manifiesta el doctor López Miranda.

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Infografía
Como no existen opciones para actuar directamente sobre la lipoproteína A, el objetivo es mantener a raya el resto de factores de riesgo cardiovascular. Así, además de bajar los niveles de colesterol, hay que seguir una dieta equilibrada. (FREEPIK)

Medir los niveles de lipoproteína A

Por su parte, la Sociedad Europea de Aterosclerosis recomienda que los pacientes con un riesgo intermedio, moderado o alto de enfermedad cardiovascular se midan los niveles de lipoproteína A.

Esto incluye a personas con enfermedad cardiovascular prematura, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, hipercolesterolemia familiar, antecedentes familiares de lipoproteína A elevada, enfermedad cardiovascular recurrente o estenosis valvular aórtica.

Puesto que los niveles de lipoproteína A están determinados genéticamente, factores como la dieta o el ejercicio no les afectan. Por el momento, tampoco existe medicación que pueda influir en ellos.

Sin embargo, hay en marcha tres ensayos clínicos con fármacos que ya se hallan en fase avanzada de investigación y que podrían reducir los niveles de lipoproteína A hasta en un 90 % o 95 %.

Se espera que en los próximos dos o tres años estos medicamentos representen una solución para los pacientes con niveles de lipoproteína A elevados (por encima de 100 mg/dl) y puedan reducirlos a menos de 20 mg/dl.

Mientras esto ocurre, las guías de práctica clínica recomiendan usar fármacos para bajar los niveles de colesterol LDL en las personas que tengan la lipoproteína A elevada.

Como no existen opciones para actuar directamente sobre ella, el objetivo es mantener a raya el resto de factores de riesgo cardiovascular.

Así, además de bajar los niveles de colesterol, hay que seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio físico de intensidad moderada de forma regular, evitar el sobrepeso y la obesidad, no fumar y controlar tanto los niveles de presión arterial como los de glucosa en sangre.

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