De qué vivir
La otra factura de Monte Grande, hambre y abandono
Dicen que el agua es vida, pero para muchos en Monte Grande, la presa que vino a domar el río también les ha cercenado los medios de sobrevivir. Y eso no puede ser. El Estado dominicano está para servir a todos, no solo a los que viven aguas abajo.
A un año de la inauguración del embalse de Monte Grande, hay un grupo de dominicanos que parece haberse quedado fuera del cálculo. Me refiero a los que vivían cerca del antiguo cauce, los que se mojaban los pies en el Yaque del Sur antes de que el muro cambiara el paisaje. Campesinos que sembraban en las proximidades y pescadores que sacaban la cena del río. Ahora, no siembran, no pescan... y no viven.
La comunidad de Monte Grande fue reubicada por la presa, pero aún espera que el desarrollo prometido toque su puerta. Mientras tanto denuncian que pescadores de San Juan, Vicente Noble y Pescadería vienen y van, sacando del lago del embalse sacos de tilapia sin que nadie diga ni mu. La propia comunidad no tiene permitido el acceso, mientras que otros... sabrá Dios con permiso de quién, explotan el embalse de manera inmisericorde..
Si bien a los agricultores de Manzanillo les han ido solucionando las situaciones que se han presentado, están pendiente los de Hato Nuevo, quienes se sienten totalmente ignorados. Patricio Matos, productor de Hato Nuevo, lo resume sin adornos: "Se puede decir que no se ha conversado seriamente en la localidad con nosotros. Y cuando José Ignacio Paliza fue (a la presa de Monte Grande) él ni siquiera se refirió a Hato Nuevo". Y no, no es que estén pidiendo villas con piscinas. Solo tierra. Tierra para producir, que es lo único que saben hacer.
Y mientras tanto, la gente del poblado de Monte Grande se va. Abandonan las viviendas nuevas porque no hay con qué vivir dentro. Se estiman más de 90 los afectados que siguen esperando lo prometido. Tierra prometida, agua vedada.
Monte Grande no solo fue una obra de ingeniería; fue también una promesa social. Se invirtieron millones para transformar una región. Pues bien, que esa transformación no se quede a mitad. Porque si ya los agricultores de Barahona tienen más agua que nunca antes, es hora de que se le devuelva la mirada a los de Monte Grande.
El Gobierno debe actuar ahora. Antes de que la desesperanza se transforme en conflicto. Porque cuando el hambre toca la puerta, ni la presa más alta puede contener la rabia de un pueblo.