Alcaldías: donde empieza el bienestar ciudadano
Gobiernos locales débiles, ciudadanos abandonados, la crisis municipal en RD
Pedro camina por las calles de su barrio con la resignación de quien ha aprendido a convivir con la indiferencia. La basura se acumula en las esquinas, el alumbrado público es deficiente y el acceso al agua es una promesa incumplida. Su primer reclamo no es al Gobierno Central ni a los ministerios de la capital. Es a su alcaldía. Allí es donde el ciudadano espera respuestas, donde su percepción del Estado se construye o se desmorona.
Las alcaldías no son simples administradoras de espacios públicos. Son el primer eslabón del bienestar ciudadano. Si funcionan bien, el ciudadano siente el Estado presente en su vida cotidiana. Si son ineficientes, la desconfianza se extiende hacia toda la institucionalidad. Sin embargo, en República Dominicana, muchas alcaldías operan con presupuestos limitados, estructuras débiles y sin las herramientas necesarias para responder a las demandas de la gente.
La Constitución Dominicana, en su Artículo 199, establece que los ayuntamientos tienen autonomía para la gestión de sus territorios y son responsables del bienestar de sus habitantes. Pero autonomía sin eficiencia es solo una declaración sin impacto real. La descentralización solo es útil cuando las alcaldías cuentan con planificación, recursos y capacidad de gestión.
Durante mi recorrido por la Ruta de los Derechos, he visto la desigualdad entre municipios con gestiones eficientes y aquellos que operan con precariedad absoluta. En algunos, el gobierno local ha logrado transformar la realidad con estrategias bien pensadas; en otros, la falta de visión convierte a la alcaldía en una simple administradora de crisis. La diferencia no está en el tamaño del presupuesto, sino en la capacidad de gestión y en la voluntad política de colocar al ciudadano en el centro de las decisiones.
Uno de los grandes referentes en la modernización de la gestión municipal en Latinoamérica es Lucho Garzón, con quien me une un profundo respeto y admiración. Su liderazgo en Bogotá marcó un antes y un después en la forma de concebir la seguridad ciudadana, la organización territorial y la atención al ciudadano basada en la dignidad humana. Garzón comprendió que la alcaldía no es una oficina burocrática, sino la instancia más cercana para mejorar la calidad de vida de la gente. Su legado es un recordatorio de que el cambio empieza en lo local.
Ciudades como Medellín y Barcelona han demostrado que la planificación municipal es clave para la transformación social. En Chile y México, la digitalización de los servicios ha permitido que más del 70% de los trámites municipales se realicen en línea, eliminando burocracia y acercando el gobierno a la gente. Mientras estos países han fortalecido su gobierno local, en República Dominicana seguimos operando con un modelo municipal rezagado, con alcaldías que dependen excesivamente del Gobierno Central.
Esta brecha se refleja en los presupuestos. A pesar del crecimiento económico del país, la inversión pública per cápita en el ámbito municipal sigue siendo una de las más bajas de la región. Mientras países como Chile destinan un 12% del gasto público a los gobiernos locales, en República Dominicana la cifra es considerablemente menor, lo que limita la capacidad de las alcaldías para ofrecer servicios de calidad y atender las necesidades de sus comunidades. El resultado es evidente: municipios sin planificación, con servicios ineficientes y con ciudadanos que sienten que el Estado les da la espalda.
Si queremos municipios fuertes, necesitamos una asignación presupuestaria acorde con los desafíos que enfrentan. Pero más presupuesto sin planificación es solo más gasto. Se necesita un modelo de gestión municipal basado en:
- Presupuestos participativos, donde los ciudadanos decidan cómo se invierten los recursos en su comunidad.
- Plataformas de transparencia digital, que permitan conocer en tiempo real cómo se usan los fondos públicos.
- Fortalecimiento de la planificación urbana, para garantizar un crecimiento ordenado y sostenible.
- Mayor inversión en servicios públicos locales, asegurando agua potable, transporte eficiente y recolección de residuos.
Con la iniciativa Diálogos por el Bien Común, recorreré todos los municipios del país para escuchar, analizar y proponer soluciones concretas que permitan fortalecer el rol de las alcaldías en la construcción del bienestar ciudadano. El futuro del desarrollo del país no se decide en los escritorios del Gobierno Central, sino en cada comunidad, en cada barrio, en cada calle donde la gente vive la realidad de la gestión municipal.
Un Estado de Bienestar real no se construye con discursos ni promesas. Se construye desde lo local, con alcaldías que sean verdaderos motores de desarrollo. Si queremos un país donde el progreso llegue a todos, debemos empezar por fortalecer el gobierno municipal.
Es hora de actuar.