La marcha de Friusa y el peligro de la irresponsabilidad
El derecho a manifestarse es legítimo, pero lleva consigo una responsabilidad proporcional
La manifestación de ayer en Friusa, organizada bajo la bandera de la soberanía y el patriotismo, terminó evidenciando una peligrosa mezcla de provocación, falta de planificación y liderazgo desbordado por el ego.
Lo que se presentó como una protesta pacífica degeneró en enfrentamientos, gases lacrimógenos y caos, en gran parte por la decisión de desviar la marcha hacia zonas no autorizadas.
Santiago Matías (Alofoke), figura central en la convocatoria, fue señalado por testigos como quien encabezó la ruptura del trayecto acordado con las autoridades.
Avanzar hacia Matamosquitos -un sector de alta sensibilidad por su población haitiana- era, en el mejor de los casos, una temeridad; en el peor, una incitación.
Las autoridades, que actuaron con firmeza para evitar una tragedia, merecen reconocimiento por contener lo que pudo haber sido un estallido mayor.
El derecho a manifestarse es legítimo, pero lleva consigo una responsabilidad proporcional. No se puede jugar con el orden público ni tensar a una comunidad ya cargada de fricciones sociales.
Lo ocurrido en Friusa es una advertencia: el nacionalismo sin responsabilidad se convierte en riesgo. Y el protagonismo sin juicio, en peligro público.