El aire sano del parque
Cómo los Parques Reviven la Ciudad
En el paisaje urbano de varilla, cemento e incivilidad, los parques brotan como susurros de esperanza donde antes reinaban el abandono y el silencio. Más que simples trozos de tierra con árboles, son respiraderos vivos que devuelven una bocanada de humanidad a la ciudad. Cada espacio recuperado —desde una esquina oscura hasta un solar convertido en refugio de sombra y conversación— se alza como un poema colectivo de confianza y dignidad.
La alcaldesa Carolina Mejía ha hecho de este tema una causa prioritaria, y con razón. Su preocupación es porque entiende que los parques son espacios de convivencia, de reencuentro ciudadano, de reproducción de la antigua ágora donde se conversa, se discrepa y se celebra. La ciudad agradece ese empeño, porque sabe que no hay bienestar posible sin aire limpio; ni comunidad viva sin lugares para encontrarse.
En esos rincones florece el intercambio: el anciano que descansa bajo la savia tranquilizadora del follaje, la risa del niño que se mece y construye al vuelo sueños de mañana, el atardecer compartido por parejas que encuentran razones de amor en el vaivén de una brisa recién nacida. Así, Santo Domingo reaprende a respirar, a soñar y, sobre todo, a reconocerse en el pulso vibrante de sus plazas.