Apagando las pantallas
España y otros países apagan las pantallas en clase
En el debate sobre el uso de las pantallas en las aulas surge ahora una pregunta interesantísima. ¿Por qué se hizo? "Hemos hecho un ensayo con una generación entera introduciendo un producto que no estaba probado que daba resultados", lo dice en un reportaje publicado en el periódico El Español, Catherine L´Ecuyer, doctora en Educación y Psicología y autora Educar en la realidad, un libro que ya cuestionó la llagada del entorno digital a clase en el lejano 2014.
España, Suecia, Finlandia, Australia... toman ya medidas para apagar las pantallas en las aulas (no solo prohibir los móviles) ante el hecho medido y confirmado de que los resultados son malos. Los estudiantes aprenden menos, sus calificaciones bajan.
Esta será, dicen los preocupados estudiosos del tema, la primera generación menos inteligente que las anteriores. Porque la inteligencia también es capacidad de concentración, comprensión lectora, análisis, memorización, conceptualización... y en esos campos se ha retrocedido demasiado.
Vuelven los libros de texto, (sin errores esta vez, por favor) una vez que se ha confirmado que el papel es mejor soporte para comprender lo leído. Aquí volveremos a las complicadas licitaciones y a recontar cuánto dinero se perdió en computadoras que no llegaron a su correcto destino o que llegaban a escuelitas sin internet ni baños.
Ha sido, ¡es todavía!, un fracaso que las generaciones afectadas no nos perdonarán. La modernidad no era eso, aunque fue un negocio redondo a nivel mundial.
Volver a enseñar a leer y escribir. Con pizarra y tiza. A entender lo que se lee y a expresarse correctamente. Es el principio de todo pero nos dejamos deslumbrar y enredar en un leguaje de "competencias".
Los educadores hacen una advertencia: el uso de pantallas en los primeros años de vida disminuye el vocabulario. Y sin lenguaje no hay pensamiento.