El arte de negociar
El desencuentro entre Trump y Zelenski en la Casa Blanca
Visto en su totalidad, el desencuentro entre Donald Trump, el vicepresidente estadounidense JD Vance y el ucranio Volodímir Zelenski es una lección en diplomacia. En lo que se debe y no se debe hacer cuando el dado está cargado de un solo lado.
Estudio del oponente primero y contención de las emociones después. Ni el ucraniano fue tan correcto, ni Trump-Vance tan maleducados. En modo gallito de pelea, al presidente Zelenski se le olvidó cuán efectivos son los elogios y las hipérboles en la nueva versión política de la Casa Blanca.
No se discuten cuestiones diplomáticas de trascendencia en público y los embistes, si los hay, se pasan por alto. En el ruedo hay un solo toro, el anfitrión, y a nadie corresponde el papel de torero. Cara de jugador de póquer; si la conversación deviene corona de espinas, tragar en seco y administrar hasta las arrugas faciales.
Zelenski olvidó las buenas maneras, que no estaba a la mesa sorbiendo vodka y borscht con un chorro de smetana (crema agria) a la manera ucrania, sino en el hogar de personajes que figuran entre los más poderosos del mundo. JD, no: señor vicepresidente. Rebatir al anfitrión, si con tacto, podría pasar en un ejercicio diplomático entre iguales. Contradecir en tono doctoral o antagónico es de necios, impropio de quien preside un país con tres años en una guerra que no puede ganar, pero sí perder.
Hay una lectura diferente de la diplomacia que de novedosa tiene poco. Aquello de la comunidad de valores compartidos sienta bien como retórica, sin posibilidad de eco en la Casa Blanca de Donald Trump. Su arte de negociar incluye los codazos. Y los empujones.